Editorial

Otra homicida al volante

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Los accidentes pasan y nadie quiere atropellar a nadie pero… hay una gran diferencia entre un accidente fortuito, a asesinar a alguien por exceso de velocidad, imprudencias varias, estar alcoholizado o drogado, robarse una luz roja, andar hablando por teléfono, sin embargo nuestra ley es tan laxa que permite que un asesino salga con poca o ninguna sanción y luego nos quejamos que encabecemos las muertes por accidente de tránsito.

Aida Nicole Gomez es la última víctima de este sin sentido, estudiante meritoria, casi a punto de graduarse, fallece a manos de una persona que tenía aún después de varias horas de sucedido el accidente unos 0.96 mg de alcoholemia, cuando el máximo permitido es 0.25 mg , si eso fue horas después del accidente, habría que ver si se le hubiese realizado la prueba en el momento del mismo, la justicia realmente no podrá hacer nada, por qué la ley no lo prevé, la homicida irá para su casa con tal vez unos 3 años de prisión si la familia de la joven se empantalona y ni siquiera su bolsillo sufrirá porque para eso están los seguros como muchos dicen, OJO el código penal podría lograr penas más fuertes, pero para eso se necesitaría que el Ministerio Público con cámaras y una investigación técnica del accidente, demostrase que ahí concurrieron múltiples agravantes y lo tipifique no como un homicidio involuntario o culposo, sino como un homicidio, ahí en vez de usar la Ley 63-17 que te da como pena máxima de prisión tres años, puede ir al Código Penal y con él, y las pruebas que presentasen, podrían pedir 5 y hasta 10 años, cosa que a la fecha NUNCA ha sucedido, aquí matar 1 como matar 30 no hace ninguna diferencia.

Cuando se hicieron estas leyes, el sector transporte jugó su papel y blindó a los padres de familia, que andan en la calle haciendo de todo y tampoco pagan nunca por sus desmanes, el resto de los dominicanos irresponsables han disfrutado de los beneficios, hasta la fecha, en su momento el autor de la actual explicó que en la anterior la pena era de 5 años y que nunca se cumplió, que ahora al menos se consiguen sentencias así sean mínimas, parece que tienen que morir familiares de los honorables congresistas, de los que sean influyentes claro está, no aquellos que llegaron gracias al método D’hont y que están allí por estar, tal vez así, escucharían el clamor de las familias que año tras año lloran la muerte de un ser querido por la imprudencia de un homicida al volante.