Opinión

Orden público, paz social y desarrollo económico

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Por Onofre Salvador Fulcar


Estos tres componentes, deben ser metas a cumplir en una democracia u otro tipo de sistema que pretenda mejorar la calidad de vida de las personas. Para su consecución, es necesario hacer un ejercicio responsable del gobernar, capaz de poner por encima de limitados programas politiqueros, los más altos intereses de la nación

Muchos han sido los ensayos políticos; experimentos fundamentados en diversas ideologías, han dejados sus improntas positivas, sin embargo no han podido materializar significativamente, salvo excepciones, lo que signifique un verdadero estado de bienestar colectivo.

La política, parte que establece la denominada relación de poder, misma capaz de impulsar estas cosas, a pesar de su uso socorrido y de la presencia habitual en la vida de los hombres, es entendida desde ópticas distintas, lo que lleva a prácticas controvertidas, mismas que pueden ser de mucha utilidad, pero de igual modo, verdaderos obstáculos para la implementación de sólidos programas dirigidos al desarrollo.

Desde tiempos lejanos, conocemos a través de referencias históricas, las grandes luchas humanas para hacer valer sus puntos de vistas sobre la forma de convivencia, a partir de la organización y manejo de los recursos materiales. Rompimientos de relaciones diplomáticas, comerciales y conflictos bélicos, han sido el resultado de graves pugnas de intereses.

Los efectos prácticos, nos dicen cada día que el estado de igualdad entre los seres racionales que poblanos esta tierra, es muy parecido a una quimera. Los llamados Estados que han practicado el socialismo, Sistema con explicaciones casi perfectas, desarrolladas en modo científico por Marx, Engels y otras mentes lúcidas, no guardan similitud, ni por asomo, con aquellos postulados ideológicos.

En cuanto al capitalismo, con sus múltiples variantes, ha sido mucho más prolongado y exitoso, dado el aspecto democrático que encarna, la independencia productiva, sin dejar de reconocer su lado salvaje, expresado en injustos modos de producción que alimentan de manera brutal, la desigualdad social y económica.

La práctica política, dicta en la mayoría de los casos, de los razonamientos de tipo teórico, demostración que se ve con claridad. En ese sentido, no estamos hablando de los que pudieran ser debilidades en los enfoques teóricos como tal, más bien se trata de las prácticas nocivas, producto de los intereses individuales o de grupos.

La diferencia de criterios, a lo que se agrega la falta de voluntad para unificación en puntos de conveniencia, llevan a poner las ruedas de la carreta en direcciones opuestas, limitando a la mínima expresión, las posibilidades de avance hacia posiciones de superación colectiva

Entendido estos asuntos, como elementos disímiles, no tardan en crear situaciones igualmente distorsionadas en la aplicación de las políticas públicas, a través de los mecanismos existentes, empezando mal desde el desconocimiento de la continuidad de la función estatal como elemento del desarrollo.

Al parecer, es lo que enseña la práctica, la existencia de las agendas escondidas de algunos gobiernos, la que se nota en la medida que se divorcian de la mayor parte de lo prometido en tiempos de campañas electorales. La utilización evidentemente demagógica en sus discursos, lamentablemente observada o entendida por unos pocos, forma parte de las escaleras para ascender al poder.

Se requiere gobernar con inteligencia, con un alto sentido humano, manejando de manera justa lo poco o mucho, con el único fin de sacar algo bueno en medio tantas restricciones e imposiciones. Es necesario escuchar más a la población, los sectores carenciados; se necesita mayor compromiso.

Es indispensable bajar los niveles de sectarismo político, los antagonismos irracionales, clientelismo, fanatismo, entre otras aristas que merman la posibilidad de entendimiento, lo que implica mayores dificultades para poner las cosas en el camino correcto. .

Muchos somos los que esperamos, en nuestra amada República Dominicana, iniciativas impactantes que se aparten de una anquilosada y repetitiva retórica política, esa que dice mucho y ejecuta poco.

Orden público, Paz Social y Desarrollo Económico, seguirán siendo materias pendientes, con tendencia a la agudización, mientras sigamos apostando como país, a las prácticas injustas de gobernar, asumiendo modelos que se distancian de las mayorías.