Opinión

Oposición, gobierno y descrédito

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Por Onofre Salvador

Hacer oposición y gobernar son aspectos  completamente diferentes, mismos que deben ser entendidos de manera racional, siempre que se utilice una práctica prudente en el uso de la retórica política. Son dos tiempos donde los enfoques no pueden, bajo circunstancia alguna, apartarse de los caminos de la verdad, sobre todo, aquello de no desdecirse tan fácilmente de lo que en algun momento se afirmó con tanta vehemencia.

Evidentemente, los asuntos estatales no deben  ser tratados con simpleza e irresponsabilidad, sin importar en la acera que se esté situado, dado el compromiso que se asume desde que se abre la boca ante una población ávida de que le resuelvan mínimamente sus problemas.

Se entiende perfectamente, las informalidades de los tiempos de campaña, pero más que eso la dificultad de vender los discursos políticos sin los aderezos que impregnen los correspondientes encantos, sin embargo, no quiere esto decir que se llegue a la exageración teatral, cargada de mentiras, para luego desde el poder, ejecutar exactamente lo que se criticaba y hasta un poco más.

Visto esto, queda la parte más delicada, es decir, pasar de ser un opositor a gobernante. Es un hilo que se debe proteger para que no se rompa y provoque la irremediable desconexion con la gente que se empeña en creer cada palabra, renovando dentro de sí la esperanza de ver variar el rumbo de cosas que están mal o que se le pinta así.

Ayer, con piezas oratorias incendiarias, se dijo, para señalar detalles, que los precios de los combustibles estaban muy elevados, hasta fórmulas maravillosas se mostraron y explicaron para dejar eso resuelto, lo que ni por asomo ha ocurrido, por el contrario se ha agravado, sin que se vea en el horizonte, la prometida modificación de la ley en ese sentido. De los demás bienes de uso y consumo, ni hablar.

Si se pretende tener credibilidad ante los demás, palabras y hechos no deben andar en doloroso divorcio, salvo que se entienda que existe un masoquismo colectivo, capaz de celebrar con alegría hasta lo que le perjudica. Recuerdo como se satanizaban los préstamos a nivel del congreso, pero hoy son buenos, batiendo récord en tiempo, monto y cantidad.

El rol de hacer oposición tiene que ser racional, equilibrado; fundamentado en decir la verdad, incluida la entereza de hacer recomendaciones saludables, alejadas de los rencores que llevan a perder la sinceridad y objetividad. El tiempo no se detiene, se encarga de poner sin remedio cada cosa en su lugar.

Veamos quien o quienes hacen oposición racional, coherente, sincera. Sobre ellos debemos cimentar nuestras esperanzas; son los menos proclives a engañarnos una vez pasan al lugar de las decisiones, allí donde se sabe si lo que se dijo unos meses o años atrás, tiene el merecido valor y no responde a otras agendas.