@abrilpenaabreu
En medio de los debates sobre presupuestos, promesas incumplidas y el escepticismo general que suele acompañar las políticas públicas, hay programas que, sin estridencias, están transformando realidades. Uno de ellos es el Programa Oportunidad 14-24, una de las apuestas más sólidas del Gabinete de Política Social que dirige Tony Peña, y que ha logrado lo que pocos imaginaban: darle una segunda oportunidad a miles de jóvenes dominicanos que habían quedado fuera del sistema.
Esta semana, con la presencia de la vicepresidenta Raquel Peña, se inauguraron cuatro nuevos centros en Santo Domingo Este, ubicados en El Dique, Hainamosa, San Bartolo y Juan Pablo II. Con estas aperturas, la red nacional alcanza 147 centros activos, y el impacto —aunque intangible para muchos— se refleja en la reducción del desempleo juvenil, el descenso de los embarazos adolescentes y una visible disminución de los niveles de delincuencia en comunidades donde el abandono y la desesperanza eran norma.
El 14-24 no es un programa más. Es una política pública con rostro humano, que entiende que el desarrollo no comienza en los ministerios ni en los grandes proyectos de infraestructura, sino en el cambio de mentalidad de los jóvenes que logran ver una nueva posibilidad para su vida.
Su director, Alex Mordan, ha logrado consolidar una estructura que combina formación técnica, acompañamiento psicosocial y orientación laboral, bajo un esquema de trabajo que articula Estado, comunidad y sector privado. El resultado: más de 640,000 jóvenes beneficiados y 24,000 graduados a nivel nacional.
El propio coordinador del Gabinete, Tony Peña, ha sido enfático en algo que debería ser una lección para cualquier política pública: no basta con construir centros, hay que llenarlos de propósito. Por eso, cada nuevo espacio se organiza estratégicamente para garantizar que funcione, que tenga resultados medibles, y sobre todo, que no sea un edificio vacío.
En un país donde los jóvenes son la mayoría de la población, programas como Oportunidad 14-24 no solo representan inclusión, sino también prevención. Prevenir que la pobreza se herede, que la violencia se normalice y que la desigualdad siga siendo la regla.
El gobierno se había propuesto llegar a 150 centros antes de finalizar el año, y lo superará, con la meta de 151. Pero más allá de la cifra, lo importante es el mensaje: cuando se cree en la juventud y se le acompaña con oportunidades reales, los resultados llegan.
No hay discurso más poderoso que el testimonio de un joven que salió del abandono, aprendió un oficio y hoy trabaja con dignidad. Ese es el verdadero éxito del 14-24: no el ruido mediático, sino la transformación silenciosa de miles de historias.
Porque al final, los países no cambian con promesas, cambian con oportunidades. Y el Programa Oportunidad 14-24 es, sin duda, una de las más grandes que este gobierno ha sabido ofrecer.



