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Opinólogos y comunicadores, dos términos que no deben confundirse

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Por Lincoln Minaya

El Pregonero, Santo Domingo.– En los últimos años, las redes sociales han detonado un fenómeno comunicacional que ha dado paso a la proliferación de figuras que, con notable habilidad para expresar ideas, se autodenominan “comunicadores”. No obstante, muchos de ellos carecen de preparación académica, cultura general y, sobre todo, del compromiso ético que exige esta labor.

Estos personajes, conocidos popularmente como “opinólogos”, encuentran en la etiqueta de comunicador un aparente estatus profesional que, en realidad, no poseen. Sus intervenciones, en lugar de aportar contenidos constructivos, se caracterizan por la improvisación, la falta de respeto, el sensacionalismo, la descalificación, el chantaje y la violencia verbal.

Es preciso resaltar que ser comunicador no implica necesariamente ser periodista titulado. El verdadero comunicador, sin importar su formación de base, orienta su trabajo hacia la creación de contenidos respetuosos, inclusivos y útiles para la sociedad. Quien ejerce este rol lo hace con apego a la verdad, con un alto sentido de responsabilidad y con el objetivo de proponer soluciones a las comunidades que representa.

La mayoría de los comunicadores reconocidos en el país cuentan con una valoración positiva de la sociedad gracias a su profesionalidad, su manejo de la cultura general y, en muchos casos, su formación académica en diversas áreas. Ellos entienden que la comunicación es una herramienta para servir y no un arma para atacar.

En cambio, el opinólogo busca “sonido” y protagonismo, opinando de cualquier tema sin fundamento, muchas veces recurriendo a campañas sucias y desinformación contra personas e instituciones. La diferencia entre ambos es clara, mientras el comunicador construye, el opinólogo destruye; mientras el comunicador aporta, el opinólogo provoca.

Distinguir entre uno y otro no solo es un ejercicio de precisión conceptual, sino una necesidad urgente para preservar la calidad del debate público y el respeto por la verdadera comunicación.