Opinión Política

Omar Fernández, entre la transparencia y el reto de transformar la política

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Por Kelvin Ortiz Faña


Fui invitado a la rendición de cuentas del senador Omar Fernández en un reconocido hotel de Santo Domingo. La invitación tenía hora exacta, 6:00 de la tarde, sin embargo, llegué pasada las 6:15, a raíz, de que duré aproximadamente 12 minutos para acceder al hotel por la cantidad de vehículos que disponía, al igual que yo, ir al evento del legislador.

Cuando pude acceder, duré unos tres minutos para poder encontrar un estacionamiento, lo que me llamó poderosamente la atención, pues, más que una rendición de cuentas, aquel acto parecía, de un candidato presidencial que le iba a hablar al país.

Omar y yo, no somos amigos, tampoco enemigos, somos colaboradores coyunturales, y he tenía el placer, que desde que asumió como diputado, soy invitado a algunos de sus actividades. Yo lo saludo con mucho respeto y admiración, trato que siento recibir de su parte, quizá sin la admiración, pero he visto y he sido testigo de su crecimiento político, a mí no hay que contármelo, lo he vivido y lo he plasmado en mis publicaciones y escritos. Pese no ser de la misma generación de edad, porque soy mayor que él, pero si Dios nos da, vida y salud, nos queda mucho tiempo en esto, él en política y yo en mi escritorio de la redacción de prensa, y haré todo lo que puede para seguir apoyándole y también, expresarle mis críticas.

Omar Fernández, en su primera rendición de cuentas en el Congreso, un ejercicio que en sí mismo ya marca una diferencia con la vieja política, por la la obligación moral que le deja a los demás, de explicar en qué se usan los recursos y cuáles han sido los frutos de su gestión legislativa.

En apenas un año, Omar Fernández ha depositado más de 15 proyectos de ley, amparados en su programa Más Para RD, con énfasis en desarrollo económico, seguridad jurídica, innovación y desarrollo social. Una agenda ambiciosa que busca modernizar aspectos claves de la vida nacional, desde la eliminación de anticipos a las mipymes hasta una reforma del Código Procesal Penal.

Lo que distingue la labor de Omar Fernández es su insistencia en conectar la política con las causas sociales. Su uso del Fondo Gadiel, convertido en un mecanismo transparente de solidaridad, es un ejemplo concreto de cómo los recursos del Estado pueden tocar vidas de manera directa. Cirugías para niños, apoyo a personas con cáncer, pozos de agua, lámparas en barrios olvidados y asistencia a hogares de ancianos son acciones que hablan más fuerte que cualquier discurso.

El relato de cada caso apoyado con esos fondos refuerza la idea de que la política no tiene sentido si no se traduce en impacto humano. Y ese enfoque le ha permitido a Omar Fernández construir una narrativa distinta a la de la política clientelar tradicional, más centrada en favores y menos en resultados tangibles.

Sin embargo, el verdadero reto para Omar Fernández está en demostrar que esa frescura política puede trascender la novedad y convertirse en capacidad de transformación estructural. Presentar proyectos es solo el primer paso, lograr consensos, vencer inercias y hacerlos leyes efectivas, es el gran desafío.

Además, la transparencia no debe ser vista como un mérito excepcional, sino como una norma mínima en la gestión pública. Que hoy se aplauda este ejercicio de rendición de cuentas solo revela lo mucho que falta para institucionalizar la cultura de la rendición y la supervisión ciudadana.

A sus 33 años, Omar Fernández carga con una doble expectativa, la de quienes ven en él un relevo generacional y la de quienes lo vinculan inevitablemente a la sombra de su padre, Leonel Fernández. Su propio camino dependerá de si logra consolidar una identidad política autónoma, capaz de trascender los apellidos y definirse por resultados concretos.

La rendición de cuentas del senador es un paso en la dirección correcta, un respiro fresco en medio del escepticismo ciudadano. Pero lo que determinará su lugar en la historia política dominicana no será la transparencia en el manejo de fondos ni los proyectos depositados, sino la capacidad de materializar cambios reales en la vida de la gente y demostrar que en la política dominicana aún cabe la esperanza.

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