Por Jorge Lendeborg
En los últimos días, mi renuncia a la campaña del candidato del PLD, Abel Martínez, se ha convertido en el tema político más destacado. Lo que comenzó como una simple declaración en un periódico digital se ha extendido a un sinfín de declaraciones atribuidas a mí, las cuales nunca he dicho. La última de ellas, que “Abel es un mala paga”, término que he rechazado y que nunca ha salido de mi boca.
La reacción de un ala del equipo de comunicación digital de dicho proyecto, en defensa de su candidato, ha dirigido los cañones hacia mí. Lo primero que quiero dejar claro es que esta acción demuestra un alto nivel de desconocimiento de la comunicación política. Lo que dictaba la estrategia era no responder, y la información moriría en menos de un día. Cuando una persona emite un juicio, opinión o crítica hacia un candidato presidencial, no se le responde, a menos que la persona esté en el mismo nivel de confrontación, lo cual no es mi caso. Lo que expresé en un medio digital fue una simple información, pero el equipo de comunicadores digitales, voceros digitales y redes de apoyo del candidato lo convirtieron erróneamente en comunicación, y son ellos quienes han puesto el tema en el tapete y lo han hecho viral, al punto de convertir mi nombre y la noticia en un «Trending Topic» durante varias horas seguidas, algo que nunca han logrado hacer a favor de su propio candidato.
En segundo lugar, la falta de estrategia, dirección y conocimiento del marketing político se evidencia cuando no aprovechan esta ocasión a favor de su candidato. En estos dos días, el nombre de Abel Martínez ha tenido más menciones y conocimiento que en los últimos tres meses, lo cual era el momento oportuno para que el candidato subiera un tweet que no solo cerrara este capítulo, sino que resaltara sus cualidades como una persona de palabra, firme y honesta. Al mismo tiempo, podría haber desmentido los rumores de que es arrogante y prepotente. Debo confesar que, en mi experiencia personal, nunca recibí ni arrogancia ni prepotencia de su parte. Un ejemplo de cómo se podría haber girado esta situación negativa a favor del candidato sería un tweet como este: «Ciertamente, el amigo Lendeborg tiene razón. Me he retrasado en el compromiso contraído con él. Le expresé que estamos trabajando en los recursos porque no aceptamos dinero de cualquier persona. En este proyecto, el narcofinanciamiento no tiene cabida, y no estamos haciendo compromisos que no podamos cumplir ni vendiendo este proyecto al mejor postor. Este proyecto es diferente…». Este tipo de enfoque podría haber cambiado la situación a favor del candidato, pero como mencioné antes, en ese proyecto nadie sabe qué hacer para impulsar la candidatura. Prefirieron dirigir los cañones hacia mí, creando una campaña negativa y atacando mi ética.
Al menos, pido que me saquen de los grupos de comunicación y redes del proyecto para no enterarme cada vez que suben la línea de ataque y bajan línea en mi contra. Ayer, casi 7,000 cuentas me atacaron simultáneamente, razón por la cual estos individuos mantienen el tema viral.
Hablemos de ética. Seguro que no es ético hablar de un cliente, pero tampoco es ético apadrinar una campaña negativa contra una persona que se la jugó por ti en el momento que más lo necesitaste, usted sabe a qué me refiero: a una persona que ha estado colaborando contigo desde junio de 2022. Fecha donde en tu propia cuenta me diste la bienvenida como asesor. Tampoco es ético pedirme que “toma el primer avión, te necesito aquí” y luego permitir que tu equipo diga que eso es falso. No me refiero a Fernando Ramírez, sé que no es parte de tu equipo, que no pertenece a la campaña y que tú no lo quieres cerca. Ese es un individuo problemático que cada vez que abre la boca te causa problemas.
Tampoco es ético que acordemos algo y luego no recibas respuesta como lo hiciste. Después de los meses que he colaborado contigo, de mis asesoramientos, de haberme jugado el todo por ti, de los múltiples encuentros de asesoramiento y mi aporte que siempre has valorado, de haberte dado un impulso en conocimiento en estos días, de haber unificado por primera vez todo tu equipo de redes en un solo tema, de haber revivido tu candidatura, de estos dos meses de trabajo presencial, de no cumplir tu palabra. O puedes hacerlo por cualquier razón que desees, ordénele a su equipo pasar página y detener la campaña en mi contra. O por lo menos avísenme, para cambiarme de ropa, porque yo si se pelear en ese terreno, ¡y su equipo no sale conmigo!



