Cuando en un país latinoamericano pasa algo fantástico, se suele decir que es un Macondo, ya se ha vuelto un total cliché, pero a falta de una figura mejor, no queda más que usarla.
Nuestros políticos parecen personajes de la obra literaria, el hijo del León diciendo por un lado que para llegar al padre hay que pasar por el hijo, otro expresidente rapeando y burlándose de las trabajadoras del hogar que se comen la carne, un presidente de la Cámara de Diputados menospreciando a las amas de casa, esa cámara merece una mención especial en el recuento, desde el diputado que una vez dijo que no hay que aprobar el aborto terapéutico que con bajar de nalgas las escaleras se resuelve, siguiendo con el pintoresco Querido admitiendo una segunda base, el otro sacándose la correa para darle una pela a otra legisladora, una regalando platanos verdes, la expresidenta ofreciendo habichuelas con dulces y la guinda del pastel lo que faltaba el poco tino o manejo de la palabra de una diputada que compara al presidente Medina con Cristo, hay de todo y para todos los gustos.
Hay un refrán que dice “que por la boca muere el peje” y otro “el que mucho habla mucho yerra”, pero nuestros políticos parecen familia de Amelia Alcántara que cuando le ponen un microfono en frente vomitan lo que les viene la cabeza. El más experimentado es el expresidente Mejía quien para muchos perdió en el 2012 por su incontinencia verbal.
Pero el asunto es que nuestros muy tradicionales políticos no terminan de entender lo mucho que ha cambiado la sociedad, creen vivir en un cuento fantástico donde se dice lo que sea haciendo el ridículo y nada pasa. Las redes sociales viralizan cualquier metida pata y pasa una y otra vez y no aprenden.
Y en un país con tantos problemas, parece que se empeñan en distraernos con el circo porque parecería imposible que realmente sea casualidad y si lo es, los dominicanos tenemos que estudiar seriamente por quienes es que estamos votando.
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