Durante años República Dominicana ha sido famosa no solo por sus hermosas playas, si no también, por la cálidez de sus gentes, los dominicanos éramos alegres, conversadores y serviciales… ÉRAMOS es la palabra clave.
El mercado ha cambiado y no solo para el sector turismo, cada vez que un dominicano o extranjero va a una institución pública o privada espera cierto trato, digamos que es un valor agregado, con contadas excepciones, ya pocos sectores tienen el monopolio de los productos o servicios que ofrecen, así que un buen servicio al cliente se diría que debería de ser la primera línea con la que se choque un potencial cliente, pero no es así.
Ir a cualquier institucion pública o privada en este país es como si en vez de pagar por un servicio se fuese a recibir un favor de mala gana, desde la recepcionista hasta muchos ejecutivos, estan malhumorados y pareciera que lo único que quieren es salir de uno, no se dan cuenta que el mercado cambió y que si quieren mantener su cartera de clientes deben ofrecerle y de buena ganal, algo más que el servicio que fueron a PAGAR.
Pero los usuarios también debemos aprender que el cambio de ese mercado nos da PODER, y que a nosotros que nos gusta tanto copiar de otros lares, debemos aprender que en otras naciones los usuarios se quejan así sea porque no le devolvieron cinco centavos de dólar, que usan las herramientas que están a su alcance para darle entender a la empresa, quién es que tiene el sartén por el mango, para esos usuarios trasladarse a otro comercio no es problema, exigir su devuelta completa y no mentas que no es motivo de verguenza, ir a servicio al cliente a poner una queja o trasladarse a Proconsumidor no es perder el tiempo, sino ejercer un derecho.
En resumen, las empresas deben de recordar que ofrecen un servicio por el cual se les paga y nosotros tenemos que aprender que los derechos hay que exigirlos, que nadie nos los va a regalar y que eso se aplica en todos los aspectos de nuestras vidas.
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