Opinión

Nos saltamos las alarmas o te saltaste las alarmas

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Por Brandy Berroa


Una reflexión sobre las señales ignoradas, la responsabilidad afectiva y las heridas emocionales que muchas veces anteceden las tragedias.

Las tragedias no comienzan el día que aparecen en los periódicos. Comienzan mucho antes, cuando las señales empiezan a manifestarse y nadie les presta atención. Comienzan cuando las heridas emocionales se acumulan, cuando la comunicación desaparece, cuando el resentimiento sustituye al respeto y cuando las personas dejan de enfrentar los problemas para simplemente convivir con ellos.

Vivimos en una República Dominicana donde cada nuevo feminicidio genera dolor, indignación y preguntas. Sin embargo, más allá de la condena absoluta que merecen estos hechos, existe una conversación que pocas veces nos atrevemos a tener: la necesidad de identificar las alarmas que muchas veces preceden a las tragedias.

Nada justifica la violencia. Nada justifica arrebatar una vida. Nada justifica que una relación termine en agresión, persecución o muerte. Esa verdad debe ser innegociable.

Pero también es cierto que muchas relaciones comienzan a deteriorarse mucho antes de que ocurra un desenlace fatal.

Alerta Repentina

Las alarmas aparecen cuando el amor es sustituido por el interés. Cuando una persona permanece en una relación únicamente por conveniencia económica, estabilidad financiera o comodidad material. Cuando se pierde la sinceridad y se continúa compartiendo una vida con alguien mientras emocionalmente ya se ha tomado distancia.

Las alarmas aparecen cuando se construyen relaciones sobre expectativas irreales, manipulación emocional o dependencia afectiva. Cuando una de las partes utiliza a la otra para obtener beneficios personales mientras la confianza se va deteriorando silenciosamente.

También aparecen cuando comienzan los secretos, las conversaciones ocultas, las mentiras recurrentes y la búsqueda de validación emocional fuera de la relación. No porque estos hechos justifiquen la violencia, sino porque representan señales de que algo importante está dejando de funcionar, las alertas repentinas.

Pero las alarmas no son exclusivas de un solo lado

También aparecen cuando el amor se transforma en control. Cuando revisar teléfonos, vigilar movimientos, imponer restricciones o amenazar se convierte en una práctica habitual. Cuando alguien comienza a creer que tiene derecho a poseer a otra persona.

El control enfermizo no es amor

La obsesión no es amor.

La frase «si no eres mía, no eres de nadie» nunca ha sido una expresión romántica; es una advertencia peligrosa que revela profundas carencias emocionales y una visión distorsionada de las relaciones humanas.

Las alarmas aparecen cuando los celos se normalizan, cuando las discusiones se vuelven constantes, cuando el respeto desaparece y cuando las amenazas comienzan a disfrazarse de bromas o indirectas.

Muchas veces la tragedia avisa antes de llegar

Sin embargo, vivimos en una época donde hemos aprendido a exhibir relaciones, pero no necesariamente a construirlas. Compartimos fotografías, celebramos aniversarios en redes sociales y proyectamos felicidad hacia el exterior, mientras ignoramos conflictos que crecen silenciosamente dentro del hogar.

Hemos aprendido a invertir en apariencias, pero no siempre en salud emocional. Sabemos remodelar una casa, pero a veces olvidamos fortalecer el hogar.

Sabemos cómo iniciar una relación, pero pocas veces nos enseñan cómo enfrentar una crisis, cómo manejar un rechazo, cómo aceptar una separación o cómo cerrar ciclos de manera saludable.

Desafíos de nuestra sociedad

Existen hombres emocionalmente heridos que confunden amor con posesión. Existen mujeres que convierten las relaciones en espacios de conveniencia o manipulación. Existen parejas que construyen vínculos sobre el ego, la dependencia, el interés o la apariencia.

Tarde o temprano, esas estructuras terminan colapsando.

República Dominicana necesita seguir condenando con firmeza toda forma de violencia contra la mujer. Pero también necesita promover conversaciones profundas sobre salud mental, educación emocional, responsabilidad afectiva y prevención de relaciones tóxicas.

Necesitamos formar una generación capaz de amar con madurez, de comunicarse con honestidad, de reconocer las señales de peligro y de retirarse a tiempo cuando una relación deja de ser saludable.

Porque las tragedias nunca comienzan el día que salen en los periódicos

Porque las alarmas muchas veces sí sonaron.
La pregunta es si estuvimos dispuestos a escucharlas.