Por Kelvin Ortiz Faña
En el día de ayer, El Pregonero, como plataforma independiente y democrática, donde se sube información diversas de quienes ejercen la comunicación, sin importar el nivel social, politico y económico, se hizo eco del cuestionamiento de la comunicadora Noelia Hazim al senador del Distrito Nacional, Omar Fernández, sobre su desempeño como representante del Distrito Nacional ante el Congreso Nacional.
No sé si el senador le contestará, pero yo sí le adelantaré y le mostraré el trabajo legislativo de Omar Fernández, el cual conozco muy bien.
Lo primero que debo de decir, que en la política dominicana abundan los discursos y escasean las acciones concretas. Por eso, cuando un legislador logra trascender el ruido mediático y convertir su paso por el Congreso en propuestas palpables, merece ser reconocido, aunque se discrepe de su visión política o de su estilo personal. Ese es el caso del senador Omar Fernández.
En apenas un año, Omar Fernández ha depositado más de 15 proyectos de ley, amparados en su programa Más Para RD, con énfasis en desarrollo económico, seguridad jurídica, innovación y desarrollo social. Una agenda ambiciosa que busca modernizar aspectos claves de la vida nacional, desde la eliminación de anticipos a las mipymes hasta una reforma del Código Procesal Penal.
Su uso del Fondo Gadiel, convertido en un mecanismo transparente de solidaridad, es un ejemplo concreto de cómo los recursos del Estado pueden tocar vidas de manera directa. Cirugías para niños, apoyo a personas con cáncer, pozos de agua, lámparas en barrios olvidados y asistencia a hogares de ancianos son acciones que hablan más fuerte que cualquier discurso.
Muchos quisieron encasillarlo como “el candidato de las redes sociales” o como el heredero de un apellido con peso histórico. Sin embargo, su trabajo legislativo en estos primeros meses como senador ha demostrado que no se trata de un fenómeno mediático pasajero. La presentación de proyectos, la defensa de iniciativas y su activa participación en los debates del Senado evidencian preparación y compromiso con la tarea congresual.
Un aspecto que no se puede negar es su disposición a escuchar a distintos sectores sociales antes de presentar o apoyar propuestas. Omar Fernández ha mostrado apertura a gremios profesionales, al sector privado, a las organizaciones comunitarias y, muy especialmente, a los jóvenes que demandan oportunidades. En un Congreso muchas veces criticado por la desconexión con la ciudadanía, este gesto no es menor.
El senador Fernández ha sabido proyectarse como una voz fresca en medio de un sistema político cargado de vicios. No significa que esté exento de críticas —pues toda gestión debe ser cuestionada—, pero sería injusto desconocer que su presencia ha dinamizado el debate y ha obligado a otros a replantearse cómo conectar con la sociedad.
El tiempo dirá si Omar Fernández logra consolidar un legado más allá de la figura de su padre y de su partido. Lo que sí es evidente hoy es que, en el Congreso, no ha pasado inadvertido. Ha colocado temas en agenda, ha dado seguimiento a iniciativas clave y ha proyectado una forma distinta de ejercer la función legislativa.
En un país donde la desconfianza hacia los políticos es alta, Omar Fernández representa, al menos, una señal de que la juventud puede ocupar espacios de poder con propuestas y trabajo. Y eso, más allá de simpatías o diferencias partidarias, es algo que no se puede negar.
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