Por: Frank Hernández
Santiago Matías, conocido como Alofoke, ha entrado de lleno en el escenario político dominicano con el proyecto Dominicanos Primero, una nueva organización que aspira a competir en las elecciones de 2028.
Su principal fortaleza es evidente: una enorme capacidad de comunicación, convocatoria y presencia digital. Pero convertir esa influencia en un partido político nacional constituye un desafío completamente diferente.
Porque una cosa es tener millones de seguidores y otra muy distinta construir una organización política capaz de funcionar en todo el territorio nacional.
El desafío de la Ley 33-18
La Ley 33-18, sobre Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos, establece los requisitos que deben cumplir las organizaciones que buscan reconocimiento electoral.
Entre ellos figuran la presentación de principios y propósitos, estatutos, órganos directivos provisionales, nombre, lema, logo, sede, declaración jurada de respaldo ciudadano, presupuesto y fuentes de financiamiento.
Por tanto, Dominicanos Primero no solo debe demostrar que tiene simpatizantes. Debe demostrar que posee una estructura política organizada y legalmente sustentada.
Uno de los principales obstáculos es el respaldo ciudadano. La ley establece que una nueva organización debe acreditar firmas equivalentes, como mínimo, al 2 % de los votos válidos de las últimas elecciones presidenciales ordinarias.
Tomando como referencia las elecciones de 2024, la cifra supera las 80 mil firmas. Informaciones recientes han situado la meta de Dominicanos Primero en aproximadamente 83 mil.
Si la organización ronda las 25 mil firmas, como se ha informado, todavía le queda un importante camino por recorrer. Y no basta con recolectarlas: deberán superar el proceso de verificación correspondiente ante la Junta Central Electoral.
La JCE tiene la última palabra
El reconocimiento de un nuevo partido no depende únicamente de sus promotores. La Junta Central Electoral debe revisar la documentación, comprobar el cumplimiento de los requisitos legales y verificar que sus principios y propósitos sean compatibles con la Constitución y las leyes.
Esta será, por tanto, la primera gran prueba institucional de Dominicanos Primero.
El verdadero reto: construir una estructura nacional
Sin embargo, el mayor desafío probablemente no sean las firmas, sino transformar la popularidad de Alofoke en una estructura política permanente.
Dominicanos Primero necesitará dirigentes provinciales, municipales y comunitarios; equipos electorales y jurídicos; responsables de organización y finanzas; delegados capacitados y una estructura capaz de defender los votos en cada demarcación.
La política electoral dominicana todavía requiere presencia territorial.
Tener seguidores no significa tener electores organizados.
Tener millones de reproducciones no significa tener delegados electorales.
Y llenar una actividad política tampoco garantiza contar con una estructura capaz de funcionar en los 158 municipios del país.
El tiempo corre
Las elecciones presidenciales y congresuales están previstas para mayo de 2028. Desde septiembre de 2026, Dominicanos Primero dispone de aproximadamente 20 meses para completar un proceso que normalmente requiere mucho más tiempo.
En ese período deberá superar el reconocimiento electoral, consolidar su estructura territorial, formar dirigentes, seleccionar candidatos, elaborar un programa de gobierno, organizar sus finanzas y prepararse para la competencia electoral.
Mientras tanto, los partidos tradicionales cuentan con décadas de experiencia, dirigentes, locales y estructuras comunitarias.
La carrera, por tanto, no es solamente contra otros candidatos. También es contra el calendario.
¿Un fenómeno mediático o una fuerza política?
Otro gran desafío será demostrar que Dominicanos Primero puede trascender la figura de Santiago Matías.
Un partido no puede depender exclusivamente de su fundador. Necesita dirigentes capaces de representar sus ideas en las provincias y municipios y una estructura que pueda mantenerse más allá de la popularidad de una persona.
Alofoke tiene una ventaja que pocos aspirantes han tenido: una plataforma comunicacional propia y una enorme capacidad para colocar temas en la agenda pública.
Pero gobernar requiere mucho más que comunicación.
Se necesitan equipos preparados en economía, educación, salud, seguridad, agricultura, infraestructura, administración pública, relaciones internacionales y políticas sociales.
Las redes sociales pueden ayudar a ganar atención.
Para gobernar se necesita capacidad de Estado.
La batalla por las candidaturas
Dominicanos Primero también tendrá que construir una boleta competitiva para el Congreso y las distintas demarcaciones.
Encontrar candidatos con preparación, credibilidad, reconocimiento social y capacidad electoral será otra prueba importante, especialmente frente a partidos que llevan años formando dirigentes en las comunidades.
El riesgo de improvisación también estará presente. La rapidez con que se construya la organización deberá estar acompañada de disciplina, institucionalidad y controles internos para evitar conflictos y contradicciones.
Popularidad no es lo mismo que votos
La gran pregunta de cara a 2028 será inevitable:
¿Puede Santiago Matías convertir su enorme influencia comunicacional en una organización política capaz de competir por la Presidencia de la República?
La respuesta todavía está abierta.
Dominicanos Primero tiene una marca reconocible, una plataforma digital poderosa y capacidad para conectar con sectores desencantados con los partidos tradicionales. Pero también enfrenta importantes obstáculos legales, financieros, territoriales y organizativos.
El reconocimiento de la JCE será apenas el primer escalón. Después vendrá la construcción territorial, la selección de candidatos, la elaboración de un programa de gobierno y la organización electoral.
Y finalmente, las urnas.
Dominicanos Primero podría convertirse en una de las principales novedades políticas de las elecciones de 2028. Pero para lograrlo tendrá que hacer algo mucho más difícil que conquistar las redes sociales: construir un partido sólido, institucional, nacional y capaz de sobrevivir más allá de la popularidad de su fundador.
Porque en política, conseguir atención puede tomar un día.
Conseguir firmas puede tomar semanas.
Pero construir un partido nacional puede tomar años.
Y para Alofoke, el reloj ya está corriendo.



