Opinión

Nadie calcula pa’ joderse

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Por Jorge Lendeborg


Durante mi niñez, una frase resonaba constantemente en mi hogar: «Nadie calcula para joderse.» Mi padre la repetía con tal convicción que, aunque la escuché innumerables veces, no fue sino hasta mi adolescencia que llegué a comprender su verdadero significado. Esta expresión, tan simple y cruda, encierra una gran verdad sobre la naturaleza humana y la forma en que enfrentamos la planificación y la toma de decisiones.

En la vida, todos estamos programados para ser optimistas sobre nuestras perspectivas. Cuando planificamos un negocio, una estrategia o cualquier proyecto, tendemos a enfocarnos en los escenarios positivos. Nos esmeramos en hacer cálculos que nos reafirmen que todo saldrá bien, minimizando o ignorando los verdaderos factores de riesgo que podrían llevarnos al fracaso. Nos convencemos de que, si calculamos y recalculamos lo suficiente, nuestros planes serán infalibles. Pero la realidad es que los cálculos, por precisos que parezcan, no garantizan el éxito.

Este principio se aplica con especial claridad al exalcalde de Santiago, Abel Martínez. Y lo llamo «exalcalde» no solo por haber dejado el cargo, sino porque su desempeño en las pasadas elecciones fue tan mediocre que ni siquiera merece el título de «excandidato. presidencial» Más bien, fue una figura que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) colocó para cumplir con el trámite, sin convicción real de su viabilidad como líder.

Hace unas semanas, Abel Martínez instaba a todos en el PLD a enfocarse en el congreso de su partido, una declaración claramente dirigida a las actividades que Francisco Javier García había comenzado tempranamente en su búsqueda de la candidatura presidencial del partido. Sin embargo, al ver que Francisco Javier avanzaba a pasos agigantados, Abel se destapó diciendo que, tras una profunda evaluación, había decidido alinearse con la base de su partido. Pero como dice el refrán, «Nadie calcula pa’ joderse.»

Frente a esta realidad, Abel no tuvo más opción que cambiar su discurso. Tras una «profunda evaluación,» como él mismo expresó, decidió que era mejor alinearse con la base de su partido. Pero como bien dice el refrán que tantas veces escuché de mi padre, «Nadie calcula pa’ joderse.»

Martínez había calculado que a partir del 17 de agosto tendría el camino despejado para la candidatura de 2028, creyendo que el PLD lo esperaría con los brazos abiertos, e incluso lo aclamaría como su salvador para el 2028. Sin embargo, sus cálculos resultaron estar terriblemente equivocados. Su desastroso desempeño en las elecciones y su arrogante comportamiento hacia sus compañeros durante todo el proceso electoral lo descalificaron para cualquier intento futuro de liderazgo dentro del partido.

Hace unas semanas, Abel Martínez admitió públicamente que había cometido errores y prometió enmendarlos en el futuro. Pero ¿qué futuro? ¿A qué se refiere con «enmendar»? Un error podría ser algo tan simple como equivocarse de botón en un ascensor, pero lo que Martínez experimentó fue un fracaso rotundo, un colapso total de su estrategia y de su imagen política.

Además, Abel señaló que el partido también había cometido errores que no debían repetirse. Y en esto tiene toda la razón. El único error del PLD fue haberlo elegido candidato en primer lugar. Ese error, definitivamente, no puede volver a repetirse si el partido quiere tener alguna esperanza de recuperación y éxito en el futuro.

La lección aquí es clara: en la vida, como en la política, nadie calcula para fracasar. Todos creen que sus cálculos y sus planes los llevarán al éxito, pero la realidad es mucho más compleja. Ignorar los riesgos, subestimar a los competidores, y sobrestimar nuestras propias capacidades son recetas para el desastre. Abel Martínez es un ejemplo vivo de cómo la confianza ciega en nuestros cálculos puede llevarnos directamente al fracaso.