Por Abril Peña
Cada 29 de mayo, las Naciones Unidas conmemoran el Día Internacional del Personal de Paz, en honor a quienes han servido bajo la bandera de la ONU. Pero mucho antes de los cascos azules, hubo mujeres que abrieron camino con ideas, diplomacia y coraje. Una de ellas fue Minerva Bernardino, dominicana, feminista, diplomática… y figura compleja.
Nacida en El Seibo en 1907, Minerva fue una de las pocas mujeres firmantes de la Carta de las Naciones Unidas en 1945, y luchó desde su puesto como delegada en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer para que la igualdad de género quedara inscrita en el texto fundacional de la ONU.
Fue también una de las promotoras del sufragio femenino en República Dominicana, conquistado en 1942. Desde lo institucional, abrió espacios para las mujeres en un mundo donde ni siquiera las incluían en las conversaciones.
Pero su historia no es simple ni cómoda. Su cercanía al régimen de Trujillo —que la apoyó diplomáticamente mientras perseguía y asesinaba a otras mujeres— la convierte en una figura profundamente polémica. No fue opositora. Y sin embargo, sus logros a nivel internacional son innegables.
Quizá por eso hablar de ella exige más madurez que admiración ciega. Porque construir historia no es solo contar lo heroico, sino reconocer lo ambiguo. Y Minerva, como muchas mujeres de poder, vivió y avanzó en medio de contradicciones políticas, personales e institucionales.
Este 29 de mayo, al conmemorarse el Día del Personal de Paz, recordarla es un acto de balance:
reconocer su firma en la ONU, su lucha por la igualdad, y también el silencio que guardó ante la violencia interna del régimen que la promovió.
Porque si la paz es más que ausencia de guerra, también debe ser memoria completa.



