Opinión

Minería o medio ambiente: la respuesta está en la ética

Por José Alberto Blanco


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La República Dominicana enfrenta una encrucijada que no es solo económica ni técnica, sino profundamente ética: ¿apostar por la minería como motor de crecimiento o preservar el medio ambiente como garantía de vida y futuro?

La minería promete empleos, ingresos fiscales y dinamismo económico. Sin embargo, también acarrea riesgos de contaminación de ríos, degradación de suelos y pérdida de biodiversidad. El dilema no puede resolverse únicamente con cifras de exportación o recaudación, porque lo que está en juego es la dignidad de las comunidades y el derecho de las generaciones futuras a un entorno sano.

La ética nos recuerda que el progreso no puede construirse sobre el sacrificio de la salud ni sobre la destrucción de la naturaleza. La justicia social exige que los beneficios lleguen realmente a las comunidades locales, y la responsabilidad intergeneracional nos obliga a pensar más allá del presente inmediato.

No se trata de decir “sí” o “no” a la minería, sino de exigir condiciones claras: transparencia en los procesos, consulta comunitaria real, aplicación de estándares ambientales internacionales y compromiso con la restauración de los ecosistemas. Solo así la minería puede ser compatible con el desarrollo social.

Estudiando dos fuentes reconocidas sobre el tema, Banco Mundial y la CEPAL: La restauración de un suelo explotado por minería puede tardar entre 20 y más de 100 años, dependiendo de la intensidad del daño, el tipo de mineral extraído y las técnicas de rehabilitación aplicadas. En muchos casos, sin intervención activa, el suelo nunca recupera completamente sus funciones originales (Banco Mundial, 2023; CEPAL, 2022).”

La ética es la brújula que debe orientar nuestras decisiones. Sin ella, cualquier proyecto minero se convierte en una apuesta riesgosa que puede hipotecar el futuro de comunidades como San Juan en la actualidad, tal como ya ha sucedido en otras localidades del país. Con ella, podemos aspirar a un modelo de desarrollo que equilibre el bienestar económico con la preservación de la vida.