Por: Pedro René Almonte MejÃa
En ocasiones llegan a mÃ, esos vagos recuerdos de mi infancia; cuando mis padres me ayudaban a mantener el equilibrio sobre una bicicleta. Conmigo  se intentaba de todo; primero me colocaron unas rueditas supletorias para que sirvieran de apoyo y asà no besar el suelo, imagino que todavÃa eso ocurre. Posteriormente seguÃa el próximo paso; se removÃan las rueditas y mis padres entonces, me sujetaban por el sillÃn para que no me cayera, pasaban los dÃas y seguÃa la práctica; muchacho al fin, el agotamiento no existÃa en mi diccionario, hasta que finalmente me soltaban y me decÃan a unos metros de distancia, ¡Ya vas solo! , inmediatamente entre la impresión y la sorpresa, me caÃ. Volvà a intentarlo, y esa vez lleno de valor y confianza, lo logré. Ya iba solo en la bici.
Hay que dar gracias a individuos geniales como Harl Drais y Pierre Michaux, que inventaron en 1818 y 1860 respectivamente, lo más parecido a lo que hoy conocemos como bicicleta. Esa invención para mi niñez, más que un instrumento de ocio fue una necesidad. Mi bicicleta y yo, por años fuimos fieles acompañantes, ella siempre estaba ahà conmigo hasta que me llegó el momento de sacar permiso de conducir y empezar a quemar gasolina.
Lo que nunca imaginé es que me verÃa en la obligación de usar nuevamente mi bicicleta, ya no para ocio, ya no para ir a la escuela; ahora tuve que dejar de quemar gasolina, gracias a los precios astronómicos de los combustibles, y volver a usar mi bicicleta. Los precios de los combustibles, hasta ahà me han llevado,  espero que un delincuente no me atraque o que un desaprensivo sin educación vial, me arrolle en esta nueva etapa de mi vida; ciclista por obligación.
¡Es necesario ya la reducción  de los impuestos en los combustibles, es obligatorio garantizar la seguridad en las calles, el Estado debe aplicar las polÃticas necesarias para descongestionar las vÃas de transito!



