No relajen así...

Luis Abinader debió poner claro a Alfredo Pacheco desde el principio

El Pregonero
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En política, las señales que se toleran temprano se convierten en problemas más adelante. Y con Alfredo Pacheco, el presidente Luis Abinader dejó pasar demasiadas desde el principio. Hoy se quejan de las tensiones internas en el PRM, pero la verdad es que el conflicto se incubó con permisividad.

No es un secreto que Pacheco, en su momento, cruzó líneas que ningún dirigente debería cruzar: faltó el respeto a la familia del presidente. En cualquier organización política seria, eso habría tenido consecuencias inmediatas. Sin embargo, no solo no hubo corrección pública ni límites claros, sino que se le permitió repetir como presidente de la Cámara de Diputados. El mensaje fue inequívoco: aquí se puede tensar la cuerda… y no pasa nada.

Ahora Pacheco vuelve a escena, esta vez cuestionando una de las potestades más elementales del jefe del Estado: nombrar a quien entienda en los cargos del tren gubernamental. No se trata de una opinión técnica ni de un debate institucional; es una protesta política que, lejos de fortalecer al Gobierno, abre grietas internas en el PRM y expone diferencias que debieron manejarse puertas adentro.

Porque seamos claros: en cualquier sistema presidencialista, el mandatario tiene la atribución constitucional de designar a sus funcionarios. Podrá gustar o no cada nombramiento, pero discutir esa potestad en público no es fiscalizar; es desafiar la autoridad política del Ejecutivo. Y cuando ese desafío viene del presidente de la Cámara de Diputados, el ruido no es menor: es un mensaje de poder.

Aquí no se trata de defender a funcionarios buenos o malos. Se trata de orden. De jerarquía. De saber dónde termina la crítica sana y dónde empieza la indisciplina política. El PRM no puede darse el lujo de convertir cada decisión presidencial en una guerra de micrófonos, porque el que sale perdiendo no es Pacheco ni Abinader: es la gobernabilidad.

La pregunta incómoda es esta: ¿por qué ahora? ¿Por qué después de haber sido respaldado, tolerado y ratificado? Tal vez porque cuando no se marcan límites al inicio, algunos terminan creyendo que la silla es propia y el poder negociable.

Desde No Relajen Así lo decimos sin rodeos:

Luis Abinader debió ponerle freno a Alfredo Pacheco desde el primer episodio. Hoy no estamos viendo un desacuerdo aislado, sino la consecuencia de haber permitido que el irrespeto se normalizara. Y cuando el liderazgo no se ejerce a tiempo, la autoridad se discute en público.