Los casos Odebrecht y Antipulpo ponen al desnudo prácticas ya normalizadas en nuestra cultura, pero llevadas a niveles estratosféricos de ser verdad lo que aduce la fiscalía.
Aunque las comisiones, sobrevaluaciones para poder producir el dinero de los sobornos y mantener engrasados los engranajes, son costumbre, porque no pequemos de ingenuos, esa es la realidad, la ambición parecería que rompió el saco y que los funcionarios obnuvilados por el poder no entendieron el momento en el que están viviendo y aunque aprendieron como burlar en sistema, este es lo suficientemente transparente como para poder seguir el rastro de todo lo que se hace, en el Estado que vivimos hoy nada está oculto bajo el sol y hay que pisar muy fino.
En resumen, por muy poderoso que se sea, lo que podemos hacer con ese poder es mucho menos que lo que hacia Joaquín Balaguer y compartes, Leonel Fernández y su corte y Danilo Medina y comparsa, a los nuevos funcionarios que se miren en ese espejo.
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