APOSTILLAS Federico Sánchez  —FS Fedor––
En los años 80s publiqué este artÃculo en uno de los diarios nacionales y he decido publicar de nuevo, a propósito de la nueva ley sobre Expresión y Medios Audiovisuales que se ha introducido al Congreso dominicano. Se ha dicho que aún sigue siendo una forma de coartar, restringir la libre expresión del pensamiento. Espero que hayamos madurado lo suficiente para no volver a cometer ese desliz obsoleto, que data desde cuando la ¨Era¨ era, en los tiempos del sátrapa Leónidas Trujillo.
Lo transcribo tal como fue publicado.
La censura, en tanto homóloga (y hasta cierto punto sinonimia) de represión de cualquier tipo, siempre ha sido un medio que ha prevalecido en nuestra sociedad de consumo, por encima y a despecho de las grandes mayorÃas nacionales y sus intereses. Sus diletantes integrantes, miembros encumbrados de la ¨alta sociedad¨, casi siempre se arrogan el derecho, ilegÃtimo de por ley, de pensar por los demás, con el pretexto de dirigirlos por una buena ordenación tras la búsqueda o rechazo de lo que es bueno o malo o amoral, apropiado o indecoroso. Un maniqueÃsmo que no aceptamos, y es parte de nuestro derecho. En fin, se convierten en preceptores de la educación de sus semejantes. Sin embargo, tal actitud colinda con los cargos asumidos por los ¨prefectos¨ (de hierro o de barro), quizás no tan semejante como el famoso inspector J. Fouché, de la época imperial de los Bonaparte, y que tan admirablemente VÃctor Hugo describe en su ultra famosa novela ¨Los miserables¨.
La censura asume diferentes formas de ejecución, avaladas por criterios muy personales o subjetivos, o por concepciones que conservan una clara identificación con los valores propagados por la sociedad donde se apliquen. Puede ser impulsada por criterios ¨moral-religiosos¨ o por factores de orden polÃtico. En el primer aspecto orbitan intereses propios del censor, especificando que su decisión (una decisión tomada por otros, con muy poca concesión) se produjo para evitar ¨distorsiones y aberraciones¨ que afectan al hombre, o que empaña las ¨buenas relaciones¨ de naciones amigas, lo cual es pernicioso para la imagen gubernamental, etc. En el segundo caso se observa una conducta netamente polÃtica (sin que el primero deje de reflejarse, aun sutilmente) que según la proporción de lo censurado alcanza diversos matices: ¨Caza de brujas¨, ¨Violación de la ¨expresión del pensamiento¨, persecución a los ¨Conejillos de indios¨, etc. Y en los dos casos se intenta crear una imagen de legalidad.
De modo, pues, que con la censura se apela a la ¨defensa de la nación¨, de los ¨grandes intereses patrios¨, según ellos en peligro. Pero es harto sabido que detrás de sus expresiones se esconde una sutil pero megalómana actitud que nada tiene que ver con los interés generales y sà mucho con sus particulares sentimientos. Detrás del significado de sus palabras se esconde el interés propio, mientras que el ¨prurito multitudinario¨, la ¨queja¨ del consenso se entrampa excesivamente en sus garras de leopardo, pero con la consiguiente consecuencia, enteramente beneficiosa, de la toma de concienciapopular frente a los a valores y principios a seguir y a combatir.
Recientemente, el filme Los farsantes, adaptado para la televisión, y que fuera vedado para las salas cinematográficas durante el régimen de J. Balaguer, fue  impedido de exhibirse en las pantallas chicas de la televisión nacional, arguyéndose que era una pelÃcula que ofendÃa las relaciones amistosas entre los gobiernos de Haità y Santo Domingo, por cuanto dicha obra de arte relataba pasajes que hacen referencias a la familia Duvalier, que como sabemos conserva un tutelaje dictatorial, sangriento, en el paÃs vecino.
Los farsantes, adaptación para filme de ¨Los comediantes¨, del novelista inglés Grahan Green, fue prohibida por la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y RadiofonÃa -CNRPR-¨, aunque este veto posteriormente fue derogado, explicándose su exclusión de una forma inconsistente, pues se habÃa dicho que empañaba las relaciones de las dos naciones vecinas, que se habÃa restringido porque aún se mantiene el peso prohibitivo efectuado en el régimen anterior al 1978, y que nadie habÃa apelado, como se hizo ahora, para que se levantara el impedimento de exhibición.
Empero, creemos que esta última actitud de nuestra ¨Liga de buen pensante¨ se debió a que no obtuvo un consenso general, y porque la opinión pública no se abstuvo de criticar su decisivo criterio. Decisión que se convierte en un derecho ilegal de querer (la Comisión) pensar por todos, de opinar por todos, de decidir cuál ha de ser la conducta de todos; como todo un gendarme ¨Mete miedo¨ o como inquisidor que ejecuta, en medio de la hoguera, para que nuestra ¨apática¨ voluntad de decisión no tenga que quemarse.
Tuvo una resonancia importante que la ¨opinión pública¨, corroborada aun por expertos en materia jurÃdica, se volcara contra la toma de decisión de los nuevos ¨macartitos¨ que surgen, según la célebre expresión del crÃtico de cine y novelista mexicano Carlos Fuentes, haciendo referencia a la persecución y/o  ¨cazas de brujas¨, emprendida por el senador norteamericano McCarty contra los (supuestos) ¨comunistas¨ de ese paÃs, después de la Segunda Guerra Mundial, y el inicio de la guerra frÃa (hoy en dÃa poniéndose un poco caliente tras haber pasado una tibieza un tanto rabiosa).
Decimos macartito porque asà como el senador violó las leyes de Estados Unidos, en nombre de su defensa, la hoy ¨Comisión de Espectáculos…¨ del nuevo régimen incurrió en una infracción al poner el veto a la pelÃcula, contrario a lo que especifica el artÃculo 8 de la constitución del paÃs.
Ese artÃculo dice lo siguiente:
¨Toda persona podrá sin sujeción a censura previa emitir libremente su pensamiento mediante palabras escritas o cualquier otro medio de expresión, gráfico u oral. Cuando el pensamiento expresado sea atentatorio a la dignidad y a la moral de las personas, al orden público o a las buenas costumbres de la sociedad, se impondrán las sanciones dictadas por las leyes.¨
De modo que, interpretando este pasaje de la Constitución, la Comisión de Espectáculos…, comisionada para regir ¨las buena costumbres de la sociedad…¨ sólo tiene el derecho de someter a juicio (en un proceso judicial) a las personas, por cualquier medio que fuere, cuando hayan infringido ese artÃculo. No puede en ningún momento arrogarse el derecho de censurar, pues no hay, no debe haber ¨sujeción a censura previa¨.
De paso por esta ¨censura¨ verbal que estamos efectuando, queremos externar nuestra repugnancia a los obsoletos reglamentos con los que se rige hoy en dÃa la Comisión de Espectáculos…, y más especÃficamente a los que se refirieren a los espectáculos fÃlmicos, por ser éste un medio de comunicación social de mayor trascendencia dentro de lo que los sociólogos estadounidenses han llamado ¨medios masivos de comunicación -Mass Media-.¨
Es inverosÃmil, por impredecible, por improcedente, por increÃble, que una ¨Comisión¨ de cinco personas, con disÃmiles criterios culturales entre sà y en comparación a la generalidad, tenga que decirnos cuáles pelÃculas debe ver tal o cual persona, atendiendo a su sexo y a su edad, o probablemente su criterio religiosos y/o polÃtico.
Hasta ahora los ¨Reglamentos¨ señalan varios criterios o categorÃas, de hecho prejuiciados por los valores morales-religiosos y polÃtico, que determinan el destino de los filmes en cuanto a su exhibición se refiere. Pero muchas veces esos prejuicios se van más lejos y nos encontramos con los ¨tabúes personales o sociales¨: confusión de lo erótico con lo pornográfico, de la comunicación estético-social con la propaganda vulgar, de la estética visual con la estética efectista-comercial, de lo disociador y la ofensa con las ¨buenas costumbres¨ y el ¨bienestar social¨, entre otros atisbos pocos creÃbles.
Estas categorÃas valorativas son restricciones que rezan asÃ: ¨Sin restricción¨, ¨Estrictamente para adultos¨, ¨Hombres solos y mujeres solas¨, ¨Tandas separadas¨, ¨Prohibida en todo el territorio nacional¨,etc., las cuales contradicen el mencionado artÃculo de la Constitución vigente, además de ser antojadizas y desfasadas. Un mentÃs, un desfase que contradice nuestro nivel cultural, educativo, como nación envuelta en las marañas del ¨neocolonialismo comercial¨, del mal llamado subdesarrollo productivo moderno, tercermundista (término cuestionable), en fin, inserido en la ¨Sociedad de la abundancia¨, del consumo masivo.
Es obligatorio, categórico que la ¨Comisión¨ trabaje, sean quienes sean, dentro de un marco de los principios constitucionales y que sus juicios estén determinados, compelidos por criterios de una mejor, sensible, orientación social, no personalista. Todo discernimiento o razonamiento al respecto debe estar avalado por un consenso nacional de expertos en comunicación, artistas, cientistas sociales, maestros en jurisprudencias paradigmáticas y por la opinión pública. Que dejen de pensar por nosotros, pues sabemos lo que es bueno o malo, sin estar atados a un maniqueÃsmo trasnochado. La moral es relativa. Lo que es beneficioso para uno, puede ser considerado oprobioso para otro. Y como dijera el cineasta Luis Buñuel, para una persona ¨lo moral es lo que no le hace daño¨. Entonces, en viceversa, lo inmoral serÃa lo que sà le hace daño.
El autor es Periodista, Publicista, Cronista de Cine, Catedrático -universidades O&M y UTESA–. Escritor -Poeta, Narrador, Dramaturgo, Ensayista-. Se declara Humanista Universal. E-Mail: anthoniofederico9@gmail.com.​ Face Book: Federico Sánchez. Wasap: 809- 353-7870.



