Todos los partidos tienen dirigentes excéntricos o desbocados, los cuales no sueles ser tan problemáticos mientras están en oposición, el problema empieza si llegan a ser oficialistas, que terminan convirtiéndose en un dolor de cabeza para los gobiernos, todo se acentúa si además no hay una línea muy clara y cada quien empieza a tirar para su lado.
Un funcionario admite públicamente que contrata indocumentados, otro ha enfrentado públicamente al Presidente con el tema de Venezuela, otro le dice a los funcionarios que cojan los teléfonos de los compañeros y que se dejen de creer la película andando con una cantidad de seguridad que no se corresponde, otros claman por que las calles de su demarcación están destruidas, otro no se sabe a qué santo le reza porque siempre se salva de las destituciones a pesar de sus obvias falencias, otro de la sociedad civil no cesa de firmar contratos extraños y a todos se les olvida que la ropa sucia se lava en casa y que el mensaje que envían, manda más de una señal de que las cosas no están tan bien a lo interno, y todo esto llega en el momento que el Ejecutivo menos los necesita.
Los próximos cuatro años serán muy distintos a los últimos, en aquel entonces acabamos de salir de una pandemia, el partido estaba cohesionado en torno a una sola figura, la oposición no solo estaba dividida, si no que el descrédito era tan importante que no había forma de que pudiesen cumplir con su papel, en resumen la sociedad dio unas largas vacaciones y un gran voto de confianza al partido de gobierno.
Algunos debieran de recordar que aunque el Presidente no va en el 2028, el PRM sí y que aunque crean que se protegen a sí mismos para el futuro, manteniendo distancia y haciendo berrinches privados o públicos, la realidad es que si a él le va mal, nos va mal a todos, porque crea desazón social, que es lo que menos se necesita, así que por amor o por dolor, más vale que actúen si no con madurez política al menos con astucia y dejen de dar dolores de cabeza.



