Un niño falleció supuestamente tras una golpiza propinada por uno o varios compañeros en la escuela pública República de Panamá y todo un rosario de deficiencias del sistema salieron a relucir, en un país donde el bullying, mal contado, lo sufren al menos el 40% de los estudiantes del sector público y a la luz de los hechos no podemos seguir escudándonos en que las denuncias son producto de la ñoñería de la mal llamada generación de cristal, como a muchos les gusta trivializar los contínuos abusos que sufren los niños en las escuelas públicas y hablamos sólo de estas, porque al investigar, solo aparecieron (al menos con facilidad) estudios al respecto en el sector público, en el sector privado los números deben de ser mayores por razones dignas de otro editorial.
Al parecer, en dicho centro educativo los abusos son comunes y ni siquiera la Policía hace algo al respecto, según padres entrevistados por distintos medios de comunicación a raíz de la muerte de este infante, el cual tenía 20 días en cuidados intensivos y ni siquiera al momento de fallecer, según sus padres, las autoridades del centro educativo se habían comunicado con ellos, lo que despierta otra pregunta, ¿dónde estaba el personal de ese centro educativo que un niño pudo recibir una golpiza semejante con total impunidad?, Porqué luego de sucedido el hecho tampoco se comunicaron con los padres? pero salgamos de la responsabilidad directa del Centro, el Dicrim anunció esta semana que fue a la escuela, !Vaya Perla! casi un mes después de cometido el hecho, van a investigar que sucedió, por otro lado según juristas entrevistados por este medio, si un infante llega golpeado a un hospital o clínica, esto debe ser informado a las autoridades correspondientes de inmediato, así que una de dos: o el Robert Read no lo reportó a la policía, la fiscalía y al Conani o las autoridades hicieron caso omiso de la denuncia hasta que la muerte del infante se viralizó, las dos opciones son igual de malas.
Como se puede observar, todo el mundo le falló a esta familia antes, durante y después de ocurrido los hechos y el después es el siguiente tema, un niño menor de 13 años de edad que cometa un crimen de esta categoría recibirá poco o ningún castigo, libertad supervisada, “terapias” es lo que está supuesto a recibir, los padres del occiso podrían demandar a infelices igual que ellos (los padres del victimario) o al Estado por los daños ocurridos a su hijo, para pasarse años en los tribunales, pero lo cierto es que en este escenario, no recibirán justicia, porque, que el asesino de un hijo reciba por todo castigo terapia psicológicas, no creemos que vaya al menos a satisfacer la sensación de impotencia que deben de estar sufriendo los padres del occiso, este caso, como muchos otros que en los últimos años han horrorizado a la sociedad, sólo demuestra que el código del menor y la penas establecidas en este, no disuaden, sirven incluso para que adultos usen niños y adolescentes como herramientas y que en resumen son insuficientes, en un mundo donde niños cada vez más a menudo, comenten delitos, que son horrorosos incluso cuando los realizan adultos, no digamos ya un niño y si bien un menor en teoría no tiene la madurez de aquilatar el daño que causa con sus acciones, las víctimas merecen justicia y esta no lo es, por lo que urge una revisión a ese código.
elpregonerord@gmail.com



