Por Lomar Batista
La política es un escenario donde coexisten distintas figuras con roles fundamentales para el éxito de cualquier movimiento o proyecto electoral. Entre ellas, se encuentran dos pilares esenciales: el líder y el acompañante. Si bien el liderazgo es un concepto ampliamente debatido y reconocido, el papel del acompañante es muchas veces subestimado, a pesar de su indiscutible importancia en la dinámica política. En este artículo, analizaremos la diferencia entre ambos, la relevancia de cada uno y la necesidad de identificar a los verdaderos líderes de cara a las elecciones presidenciales del 2028.
El acompañante: la sombra imprescindible
El acompañante es aquella persona que, sin necesariamente tener una base amplia de seguidores, se mantiene presente en el día a día del líder. Es su aliado en recorridos, en la toma de decisiones y en la organización de eventos. A menudo, estos acompañantes son familiares cercanos, amigos de confianza o compañeros de lucha política, cuya labor se enfoca en respaldar al líder en sus aspiraciones y en la construcción de su proyecto.
Es un error menospreciar el rol del acompañante, ya que la política no se construye en solitario. Incluso grandes líderes históricos han tenido personas claves a su alrededor que han sido fundamentales en su ascenso y consolidación. Como decía el filósofo Aristóteles: “El hombre es un ser social por naturaleza, y la política no es más que la extensión de esta realidad.»
El acompañante puede ser un excelente organizador, un estratega en la sombra, un confidente o un ejecutor de tareas esenciales. Si bien es cierto que todos en política buscan algo, lo ideal es que esta búsqueda esté alineada con la vocación de servicio y el crecimiento personal y colectivo.
El líder político: construcción, peso y responsabilidad
Ser líder en política no es simplemente ocupar un cargo o dirigir una institución. El liderazgo se manifiesta en la capacidad de convocatoria, en la influencia sobre las masas y en la habilidad de inspirar a otros. Un líder político no es aquel que se proclama como tal, sino aquel que la sociedad reconoce como su referente.
El liderazgo, como afirmaba John C. Maxwell, “es influencia, nada más y nada menos.» Un verdadero líder es aquel que logra, a través de su trabajo y visión, sumar voluntades en torno a un objetivo común. Su peso en el escenario político es innegable, ya que, mientras sus seguidores lo ven como guía, sus adversarios lo perciben como una amenaza.
En este sentido, es importante destacar que el liderazgo no se otorga ni se impone; se construye con el tiempo, con acciones, con coherencia y con responsabilidad. Muchas veces, personas que han ocupado posiciones de poder creen erróneamente que eso los convierte en líderes, pero la realidad demuestra que, al dejar esos cargos, su influencia desaparece, revelando que nunca fueron líderes genuinos. Como bien decía el expresidente de los Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower: “El liderazgo es el arte de conseguir que alguien haga algo que tú quieres porque él quiere hacerlo.»
El desafío del 2028: reconocer y fortalecer el liderazgo
A medida que nos acercamos a las elecciones del 2028, el panorama político demanda una evaluación objetiva de quienes realmente poseen liderazgo y quiénes simplemente han sido beneficiarios de una estructura de poder momentánea. En muchas ocasiones, los espacios de decisión han sido ocupados por acompañantes que, aunque valiosos en su rol, no tienen el liderazgo necesario para movilizar masas ni para construir estructuras duraderas.
Para el proceso electoral venidero, es imperativo que los estrategas políticos sepan identificar y fortalecer a los líderes naturales en cada nivel: nacional, regional, provincial, municipal y distrital. La candidatura presidencial del PRM en 2028 traerá consigo un nuevo reto, ya que se presentará con un candidato diferente, lo que requerirá de toda la capacidad organizativa y de movilización para alcanzar la victoria.
Un partido no gana elecciones solo con un candidato fuerte; necesita estructuras políticas bien cimentadas, con líderes auténticos que sean capaces de conectar con las bases y generar un movimiento sólido. En este sentido, es fundamental no menospreciar a los verdaderos líderes ni asignarles roles que limiten su potencial.
Como en el ajedrez, todas las piezas tienen importancia, pero cada una cumple una función específica. No se puede comparar la movilidad de la reina con la del peón, ni el impacto del alfil con el del caballo. Cada pieza tiene un rol estratégico, y en política ocurre lo mismo: es un error intentar transformar a un acompañante en un líder o viceversa.
Reflexión final: un llamado a la estrategia y al discernimiento
El liderazgo no se compra ni se otorga por decreto. Se construye día a día, con acciones y con el reconocimiento del pueblo. De cara al 2028, es esencial que los espacios de toma de decisión sean ocupados por quienes realmente tienen la capacidad de influir y movilizar, para así garantizar el crecimiento y fortalecimiento del partido.
Acompañantes y líderes son esenciales en la política, pero sus roles deben ser claramente diferenciados. Mientras que el acompañante es la base de apoyo y el ejecutor de estrategias, el líder es el que proyecta, convoca y moviliza. No se puede improvisar en política, y la clave del éxito en cualquier proceso electoral radica en saber colocar a cada quien en el lugar donde más pueda aportar al bien común.
Como dijo Maquiavelo: “El éxito de un líder no está en su poder, sino en su capacidad de mantenerse en él”. Esto solo se logra con una estrategia bien definida, basada en la identificación y potenciación de los verdaderos líderes políticos.
El reto está planteado. Es momento de tomar decisiones acertadas y de construir el camino hacia una victoria estratégica en el 2028.



