Las Relaciones Públicas de una empresa son delicadas, un error en ellas pueden costar millones, pero cuando se trata de una institución pública, el daño es aún mayor, porque el mismo cuesta algo más que dinero: cuesta la credibilidad y la confianza de la gente.
En El Pregonero hemos hablado en numerosas ocasiones de los errores comunicacionales de el gobierno, en esta ocasión, los errores vienen de la Policía Nacional y para muestras varios botones; con los de los pastores evangélicos, primero fue que no se detuvieron y luego que buscaban un motor robado, con Leslie dieron tantas versiones que finalmente no se sabe que pasó y ahora con David de los Santos se apresuraron a decir que no había sido torturado en el destacamento para luego tener 7 detenidos.
El que mucho habla, mucho yerra y es mejor decir estamos investigando que dar una versión por salir del paso (en el mejor de los casos), para que luego resultar que la misma es errada y que todo mundo piense que intentaron mentir de manera descarada.
No es la primera vez y posiblemente no será la última, porque tener par de chivos expiatorios cada vez que sucede un caso que alarme a la población es más sencillo que cambiar todo el sistema.
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