@abrilpenaabreu
Si el video que circula es real y corresponde a Las Parras, estamos frente a una bofetada a la sociedad dominicana.
Miles de millones de pesos invertidos en una cárcel nueva para que, a pocos meses de inaugurada, presuntos delincuentes exhiban desde su interior drogas, armas y celulares. Eso significa, por decir lo menos, que las autoridades tienen un control precario del recinto; y, en el peor de los casos, que el contubernio y la corrupción siguen campando por sus fueros.
Porque las drogas, las armas y los celulares no aparecen por arte de magia dentro de una cárcel. Alguien los introduce, alguien falla en detectarlos o alguien permite que entren.
Y lo más preocupante es que al frente del sistema está Roberto Santana, considerado uno de los mayores expertos penitenciarios del país. Entonces la pregunta es inevitable: si él no puede controlar esto, ¿quién puede?
Este medio lo advirtió cuando comenzaron los traslados hacia Las Parras: el problema nunca fueron solamente los internos ni las viejas cárceles. Si las autoridades y el personal que permitían las irregularidades continuaban reproduciendo las mismas prácticas, nada cambiaría por trasladar a los presos a instalaciones nuevas.
Se podían cambiar las paredes, las cámaras, las puertas y hasta el nombre del recinto. Pero si no cambiaban los controles y quienes debían hacerlos cumplir, el problema simplemente se mudaría.
Ahora corresponde a las autoridades establecer si el video es auténtico, cuándo fue grabado y cómo llegaron esos objetos hasta los internos. Y si hubo complicidad de personal penitenciario, identificar responsables y someterlos a la justicia.
Las Parras fue vendida al país como parte de la solución al desastre penitenciario, no como una versión más moderna del mismo problema.
Lamentamos haber tenido razón.



