Las elecciones de mayo y el COVID-19

El Pregonero
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En las próximas semanas de seguir ascendente la curva de infectados por el Covid-19, el país tendrá que tomar decisiones duras y difíciles, sobre todo luego de suspendidas las elecciones municipales en febrero y la ola de protestas que vino después, mismas que hicieron que se cometiera la locura de hacer unas nuevas elecciones en un momento que lo que aconsejaba era recluirnos, ahora posiblemente estemos pagando el precio de nuestra locura y cobardía.

Viene el cambio de mando municipales de las autoridades en abril y aún en reconteos de votos y posibles demandas en Tribunal Superior Electoral que no podrán conocerse puesto que los tribunales están cerrados y elecciones en mayo;  ¿con un país detenido, será posible? ¿Pueden asumir las nuevas autoridades y meternos en cancelaciones masivas en un momento que nadie puede moverse de sus hogares? ¿Puede la Junta Central Electoral cumplir con el calendario electoral con fábricas cerradas y la mitad de su personal en sus casas?

¿Podemos movilizar millones de dominicanos con el fantasma del coronavirus sobre nuestra cabeza como la espada de Damocles? ¿Queremos vernos reflejados en España o Italia? Hasta ahora, el virus ha atacado a las capas más altas de nuestra sociedad y aunque suene cruel ha sido una suerte, porque aunque la muerte y la enfermedad no distinguen de clases sociales, es innegable el hecho de que disfrutan en su mayoría de un mejor estado de salud fruto de una mejor alimentación y de atenciones médicas en su vida de primer mundo, eso sin contar que no viven en hacinamiento ni condiciones de insalubridad que permitan que el virus se multiplique a mayor velocidad en un país en el que en tiempos «buenos» muere gente por no encontrar camas en intensivo.

¿Imaginemos por un momento que el Covid-19 entre a Los Guandules, Guachupita o a cualquiera de esos barrios, donde viven diez personas en un cuartucho uno encima de otros? Correría como la pólvora y entonces sí o sí pagaremos el precio, el precio de que nuestros políticos no sepan entender que el que espera lo mucho espera lo poco. Mientras la pandemia no ralentice su crecimiento, pensar en elecciones es una locura.

¿Quién agarrará el toro por los cuernos? 

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