Por Abril Peña
Cada año, del 1 al 7 de agosto, el mundo conmemora la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Pero detrás de las campañas, hashtags y fotos tiernas en redes sociales, se esconde una verdad dura: lactar no siempre es posible, ni sencillo, ni equitativo.
En República Dominicana, donde el sistema de salud aún deja fuera a miles de mujeres y el trabajo formal está plagado de informalidad, amamantar se convierte en un lujo reservado para quienes tienen tiempo, apoyo y acceso.
¿Qué pasa cuando no hay lactancia?
La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida. No solo por nutrición, sino por protección inmunológica, apego emocional y prevención de enfermedades. Sin embargo, cuando la lactancia no ocurre —o se interrumpe precozmente— las consecuencias son profundas:
Mayor riesgo de infecciones respiratorias, gastrointestinales y muerte infantil.
Aumento del gasto familiar por fórmulas lácteas y visitas médicas.
Menor desarrollo cognitivo y emocional en el primer año.
Mayor probabilidad de desnutrición o sobrepeso infantil en edad escolar.
¿Y en República Dominicana?
Aunque el país ha firmado compromisos internacionales en favor de la lactancia, los datos muestran otra realidad:
Según la ENDESA, solo un 5% de los bebés dominicanos son amamantados exclusivamente durante los 6 primeros meses.
Más del 70% de las madres inician la lactancia… pero la mayoría la abandona en menos de 3 meses.
Las madres adolescentes, de zonas rurales o de bajos ingresos tienen menos probabilidades de mantener la lactancia por falta de apoyo, orientación y recursos.
Solo el 16% de las empresas en el país tiene salas de lactancia activas.
Obstáculos invisibles (pero reales)
Jornadas laborales inflexibles.
Falta de licencia por maternidad suficiente (solo 14 semanas legales, muchas sin cumplir).
Cero acompañamiento en hospitales públicos.
Estigmas sociales que sexualizan el cuerpo de la mujer lactante.
Fórmulas regaladas por marcas comerciales en centros de salud, en violación a normativas internacionales.
Lactar no es solo instinto: es estructura
Amamantar no es una decisión individual en el vacío. Es el reflejo de un sistema. Un sistema que no garantiza:
Salas de lactancia en espacios públicos.
Licencias laborales adecuadas.
Personal médico capacitado en puericultura.
Educación desde el embarazo sobre el proceso y sus beneficios.
Una política silenciosa (pero poderosa)
Promover la lactancia materna es una de las estrategias más costo-efectivas de salud pública, con beneficios a corto, mediano y largo plazo. No debería depender de la voluntad de la madre, sino del respaldo del Estado y la comunidad.
La lactancia materna no es una responsabilidad exclusiva de la madre, sino un derecho del niño, una inversión en salud nacional y un espejo de nuestra desigualdad.
Este agosto, más que un recordatorio simbólico, urge una conversación seria:
¿En qué país queremos criar a nuestros hijos… y en qué condiciones queremos que sus madres los alimenten?



