Opinión

La vacuna calumniada

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Dr. Jerson Abreu


Finalmente, cuando todos creíamos que las tinieblas se disipaban entorno a la pandemia de la COVID-19, gracias a las campañas de vacunación contra el SARS-CoV-2, nos enfrentamos a otro oscuro panorama probablemente peor; el mismo aflora del dilema que resulta para muchos en vacunarse y ayudar a la humanidad a no seguir propagando este virus que ha puesto en jaque a la economía y los sistemas de salud, o resistirse a esta medicina preventiva por miedos infundados.

No es un secreto para nadie que existe un creciente grupo de personas con ideas tan creativas que matarían de envidia hasta el mismo Dan Brown, personas montadas en la ola postmoderna del yo todo lo cuestiono aunque no tenga idea de lo que cuestione, con planteamientos surrealistas y portadoras de un toque de realismo más mágico que cualquier vecino de Macondo; argumentos que a menudo viajan desde el primer mundo y que por su peculiar idiosincrasia encuentran en este Caribe esa esencia macondiana donde puede echar raíces tan poderosas como peligrosas, y como no aportar ingenio y colores únicos a este mejunje teórico.

Algunas de las opiniones más alocadas van desde considerar las vacunas dañinas o parte de una estrategia global de potencias mundiales y hombres de negocios, en busca de controlar las voluntades de las personas o simplemente como parte de las profecías de algún libro sagrado que proclame marcas, y hasta interpretaciones modernas de dichas profecías, argumentando de que se busca insertar algún artefacto en forma de un chip al cuerpo, que impedirá al que no lo tenga realizar actividades tan cotidianas, como por ejemplo, ir al super.

Otros no menos creativos plantean que no se vacunaran porque de acuerdo a un video que vieron en alguna red social, pudieron comprobar que esas vacunas modifican sensible y maliciosamente el ADN celular, provocando mutaciones que según ellos, harían que su organismo se encuentre vulnerable frente a otros microrganismos o provoque una errante actividad celular, que lleve al traste con un deterioro progresivo que ponga en peligro su vida; existiendo la posibilidad de transmitir esta mutación a generaciones futuras y extrañamente provocar esterilidad de manera conjunta

Los menos osados, pero igual de ingeniosos cuestionan la efectividad y denuncian los posibles efectos secundarios de las vacunas, sugiriendo que el tiempo para llevarlas a termino no es suficiente según su criterio científico, aportando datos como algún vago reporte de efecto colateral de las vacunas, alergia o hasta una mala aplicación de esta.

Todo este berenjenal de teorías conspirativas y denuncias baladíes dispersas en las redes, propician sentimientos encontrados en los ciudadanos y una gran reticencia hacia esta medicina tan efectiva, haciendo que miles de personas le den vueltas a esas ideas y argumenten con vehemencia su postura antivacuna, probablemente queriendo justificar su posición poco coherente y consecuente con la ciencia y la época, aferrándose a interpretación del momento histórico mediante las variopintas teorías antes descritas.

Pero que se sabe de manera oficial de las famosas vacunas hasta ahora; aquí algunas precisiones sobre estas:

Lo primero es que en la actualidad existen cientos de vacunas desarrollándose, con fase III y IV aprobada, en general la fase III avalúa de forma más acabada la seguridad y eficacia en la prevención de las enfermedades, involucrando una gran cantidad de voluntarios, en estudios multicéntrico de manera controlada en uno o varios países.

La siguiente fase es la IV, cuyos estudios ocurren después de la aprobación de la vacuna en uno o varios países, evaluando cómo funciona la vacuna en el mundo real (ya no de manera controlada); de forma general podemos decir que en esta fase se evalúa la efectividad y se monitorean los efectos adversos.

En este momento las vacunas disponibles, utilizan distintos caminos para llegar a realizar la deseada inmunidad en las personas, a continuación, les comparto los métodos que han utilizado los laboratorios en busca de crear una vacuna funcional:

A partir del virus. Utilizando el propio virus en cuestión, aunque lo inactivan o atenúan para reducir el efecto de la infección o eliminar esta posibilidad por completo, logrando una inmunidad segura. De esta manera nuestras células inmunes identifican al virus atenuado o inactivado como un potencial agente agresor; provocando que nuestro sistema inmune guarde en su memoria este evento y produzca proteínas especialmente contra ese virus, para así cuando nos pongamos en contacto con el virus vigoroso ya existan cuerpos contra este. Es la forma más tradicional de vacuna y la utilizada por vacunas como la CoronaVac de Sinovac.

Utilizando otros virus. Los cuales van a tener el ARN del coronavirus, estos virus funcionaran como una incubadora de una proteína del coronavirus, creando especialmente esta proteína llamada espícula o proteína espiga, la cual funciona como la llave que le permite al virus entrar al interior de las células humanas; esta proteína será identificada por nuestras células inmune, células que lograrían producir anticuerpos contra ellas, para que cuando en el futuro nos pongamos en contacto con el virus, estos anticuerpos estén listos para atacarlos, provocando de esta forma la inmunidad deseada frente al SARS-CoV-2. En este caso el propio virus produce la espícula o utiliza las células humanas para producirlas. La OxfordAstraZeneca y la Sputnik V, utilizan este método.

Utilizando material genético del coronavirus. En este caso se inoculará directamente el ARN del virus y entrará a la célula humana, desde ese momento la célula humana producirá la proteína del SARS-CoV-2 (su espícula). También puede introducirse ADN, el cual en el núcleo de la célula humana se convertirá en ARN para que la célula pueda producir la proteína deseada que estimulara la producción de anticuerpos específicos. Pfizer-BioNTech y Moderna utilizan este camino inmune.

Otro método utilizado por algunos laboratorios para la creación de la vacuna anticovid, es introducir directamente las proteínas del SARS-Cov-2, ya sean unidades pequeñas o utilizando el virus sin contenido, solo utilizando su envoltura con espícula (proteína del virus).

Algunos datos rápidos sobre las vacunas más populares:

Inmunización propuesta por Moderna, se requieren dos dosis, dividida por 4 semanas, la empresa sitúa su efectividad en 94% y el costo por dosis es de 37 dólares, para su conservación necesita temperaturas de 20 grados centígrados bajo cero.

La vacuna Sputnik V, creada por el laboratorio Gamaleya con sede en Rusia, consta con una efectividad del 97.6% en evaluación del mundo real, basada en datos de 3.8 millones de personas vacunadas y el costo es de poco menos de 10 dólares por dosis; se conserva a una conveniente temperatura de refrigerador.

La CoronaVac de la empresa china Sinovac, la más utilizada en el país, cuya eficacia es del 94% según estudios en Indonesia citados por Bloomberg el 11 de mayo de 2021; dicho estudio rastreo mas de 25 mil trabajadores de la salud en este país, a los que se le había aplicado la Sinovac, protegiendo el 96% de los inoculados de casos graves y hospitalización, y evitando la muerte en el 100% de los casos. Su costo por dosis va desde los 13 a 29 dólares.

AstraZeneca y colaboración de Oxford, con estudios que sitúan su eficacia de 62 a 90%, el costo por dosis es el mas bajo del mercado, unos tres a seis dólares por dosis, algo prometido por los propios desarrolladores de la vacuna. En Republica Dominicana el contrato fue de 4 dólares por dosis, con un posible aumento del 20%.

Pfizer-BioNTech, con eficacia del 95% y un precio de unos 20 dólares por dosis, las cuales se administran cada 21 días; el almacenaje de esta vacuna debe ser a unos 70 grados centígrados bajo cero, lo que sin dudas es una gran dificultad sobre todo en países en vías de desarrollo.

Lo mas importante es la eficacia que han demostrado todas las vacunas para proteger de enfermedad grave y muerte a causa del nuevo coronavirus, desde este punto de vista todas son prácticamente protectoras al 100%.

¿Pero y la seguridad? ¿Me puedo vacunar con toda confianza? ¿No lograran provocar el daño descritos por algunos en mi cuerpo? ¿Hay efectos adversos importantes y en números considerables?

En cuanto a la seguridad se ha dicho bastante últimamente, pero hasta este momento no se ha descrito ningún caso en el cual se aporten pruebas de la introducción de ningún dispositivo capaz de rastrearse electrónicamente o de manejarnos a voluntad remotamente, ni existe ninguna evidencia que nos haga pensar en estas ingeniosas posibilidades.

No existen evidencias científicas de la provocación de una modificación genética humana perjudicial, ni accidental ni intencionada; de hecho, desde el siglo pasado existen vacunas creadas con técnicas de ADN recombinante, como lo es la vacuna contra la hepatitis B, que ha salvado millones de vidas evitado el contagio de esta grave enfermedad. En las vacunas contra el nuevo coronavirus que utilizan técnicas de edición genética, el único material genético que editan es el del virus, no el ADN humano.

Los efectos adversos provocados por la administración de las vacunas anticovid son los mismos descritos para cualquier vacuna; dolor, hinchazón y enrojecimiento en el lugar de la inoculación, dolor de cabeza, fiebre, cansancio entre otros síntomas generales.

Para tener una idea de la seguridad de estas vacunas, las personas que recibieron la vacuna Pfizer-BioNTech que murieron o fueron hospitalizadas, fueron menos que las personas que recibieron un placebo de solución salina en ensayos de la vacuna anticovid de estos laboratorios.

En cuanto a la alarma mundial por los casos de trombosis en individuos que recibieron vacunas anticovid, como las fabricadas por la farmacéutica Janssen de la Johnson and Johnson o Astra-Zeneca, lo más importante es entrar en contexto; lo primero es que aún no se establece de manera clara la implicación de la vacuna en estos eventos, y algo a resaltar es la utilización de ciertos métodos o protocolos que a la vista de todos pudieran parecer inofensivos.

Los ensayos clínicos con AstraZeneca comprobaron que las posibilidades de un episodio trombótico luego de aplicar esta vacuna son irrelevantes, e incluso dichos ensayos revelaron que el número de los individuos que desarrollaron trombosis luego de ser inoculados con la vacuna real fue menor, que los que tuvieron un evento de este tipo luego de administrarle un placebo.

Importante es resaltar que la utilización concomitantemente de protocolos que tienen implicación demostrada en eventos trombóticos, es la norma en la mayoría de los casos descritos por la prensa; por ejemplo, la utilización de métodos anticonceptivos con píldoras, entre otros.

Es probable que los casos de trombosis hayan sido provocados por otras circunstancias y no por la administración de las vacunas. Existen condiciones, métodos, protocolos, actividades y patologías que conllevan un riesgo demostrado de episodios trombóticos, y que comparados con los casos atribuidos a la vacuna son insignificantes.

Así es que, por ejemplo, el porcentaje de trombosis en mujeres con un esquema de planificación con anticonceptivos orales es del 1 al 2%; hasta el 10% de los viajeros en vuelos largos; o el 16.5% de los pacientes hospitalizados con COVID-19; esto comparado con las posibilidades de trombos en una persona que se le ha administrado una vacuna anticovid, que en el caso de la AstraZeneca es menor del 0.0003% es prácticamente una comparación indigna de referencial.

Los movimientos antivacunas son tan antiguos como el origen de las vacunas mismas, han existido desde las primeras posibilidades de inmunidad artificial propuestas en occidente; las técnicas de inoculación de pequeñas cantidades del virus de la viruela en individuos sanos para inducir la enfermedad y generar anticuerpos, son tan antiguas que existen datos desde siglo VI, los primeros en emplear esta técnica de inmunización fueron los médicos árabes.

Algunos diplomáticos, viajeros, exploradores y aventureros occidentales describieron dichas técnicas en sus diarios y daban fe de su efectividad para evitar este mal, atreviéndose algunos de ellos a ser inoculados; estos compartían su experiencia tratando de convencer los médicos occidentales de que experimentaran con esta medicina preventiva, siendo desoídos por galenos de la época por motivos éticos, culturales y religiosos.

Mas tarde cuando ya contábamos con la vacuna contra la viruela y comenzaron las campañas de vacunación a inicios del siglo IXX, en países como Inglaterra y Estados Unidos las vacunas encontraron una férrea oposición de grupos importantes, que provocaron la aprobación de leyes que obligaban a los padres a vacunar sus hijos, apareciendo las famosas ligas antivacunación.

Desde entonces y hasta nuestros días las vacunas han sido una de las herramientas medicas mas desacreditada y vilipendiada por individuos de todas las culturas y clases sociales, la mayoría de los argumentos sin evidencias ni criterio científico; de todas formas, si sumamos todos los posibles males que le atribuyen a las vacunas y suponemos que son ciertos, no son ni someramente parecidos a los evidentes beneficios de estas.