La sombra de la misoginia en la política dominicana: algo que hay que parar

Por Redacción

Por Kimberly Taveras Duarte

En la República Dominicana, la política ha sido durante mucho tiempo un escenario dominado por figuras masculinas, donde las mujeres han tenido que luchar arduamente para hacerse un lugar y ser reconocidas por sus méritos. La misoginia, ese prejuicio arraigado que menoscaba y desvaloriza a las mujeres, se ha manifestado de diversas maneras, desde el lenguaje hasta la cosificación y la monetización del odio hacia los logros femeninos.

El lenguaje, esa herramienta poderosa de comunicación y construcción de realidades, es un claro reflejo de esta problemática. La dualidad de significados en palabras como «zorro» y «zorra» nos muestra cómo, desde la misma estructura lingüística, se penaliza a las mujeres, asignándoles connotaciones negativas por las mismas cualidades que en los hombres son vistas como positivas. Esta discriminación semántica es solo la punta del iceberg de una cultura que, de manera sutil y no tan sutil, perpetúa la desigualdad de género.

Un caso emblemático, en los últimos días, de la misoginia en la política dominicana es el de Betty Gerónimo, quien ha demostrado ser una figura de gran relevancia en la escena política del país. Electa como diputada y posteriormente como la primera mujer alcaldesa de Santo Domingo Norte, Betty ha enfrentado ataques que buscaban desacreditar su capacidad y legitimidad, apuntando a su pasado como bailarina en programas de televisión. Estos ataques aveces sutiles, aveces no tanto, no solo trataban de cuestionar su competencia, sino que también reflejan una doble moral en la valoración de las trayectorias profesionales según el género.

Durante su período como diputada, Betty Gerónimo realizó importantes aportes a la juventud y a su demarcación de Santo Domingo Norte. Su trabajo en la Cámara de Diputados estuvo marcado por un compromiso con el desarrollo social y la equidad, demostrando que las mujeres no solo son capaces de liderar, sino que también pueden impulsar cambios significativos desde sus posiciones de poder.

La cosificación de las mujeres, especialmente de aquellas que se dedican a la política, es un acto de barbarie que la sociedad no debería tolerar. La monetización del odio hacia los logros de las mujeres dominicanas que provienen de sectores populares es una práctica que debe ser erradicada. La libertad de expresión no debe ser confundida con la libertad de agresión; es fundamental entender que la agresión verbal y mediática impide que las mujeres que vienen de abajo alcancen el éxito sin ser constantemente cuestionadas.

Es hora de dejar atrás la misoginia y abrazar una cultura política que valore la igualdad y celebre la diversidad de experiencias y trayectorias. La participación activa y respetada de las mujeres en la política es esencial para una democracia más justa y representativa. Es momento de reconocer que la capacidad y la integridad no tienen género, y que las mujeres tienen tanto derecho como los hombres a ocupar espacios de poder y tomar decisiones que afectan al futuro de la nación.

Un llamado a la acción es necesario para fomentar una sociedad donde la cosificación de las mujeres sea vista como un vestigio de tiempos pasados, y donde la libertad de expresión se ejerza con responsabilidad y respeto. Solo así podremos construir un país más equitativo, donde las mujeres puedan triunfar sin ser objeto de ataques y donde sus logros sean celebrados, no cuestionados.
La lucha contra la misoginia en la política dominicana es una lucha por la dignidad y el respeto de todas las mujeres. Es un desafío que nos convoca a todos, hombres y mujeres, a trabajar juntos para erradicar la discriminación y promover una cultura de igualdad y justicia. Solo en un ambiente de respeto mutuo y reconocimiento de la valía de cada individuo podremos avanzar hacia un futuro más prometedor para la República Dominicana.


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