Opinión

La solución no es satanizar el capitalismo

Compartir

Por Julio Alberto Martínez

¿La Constitución plantea el derecho a la vivienda? Sí. En términos normativos. Lo que debería ser. El deber ser no es. No describe una realidad concreta. Es un ideal. Sartori advirtió que el ideal nos sirve para luchar pero siempre sin perder de vista
que es un estado de cosas deseables que nunca coincide con el estado de cosas existentes. Su función esencial es negar la realidad.

Debemos exigirles a los teóricos constitucionalistas que para que los derechos fundamentales no sean letra muerta, le agreguen el “cómo”. La Constitución no dice que el derecho a la vivienda debe ser conquistado, no hace una invitación formal a
superarse a sí mismo. Ni establece la obligación de romperse disciplinadamente el lomo todos los días trabajando para ahorrar, acceder a un crédito hipotecario, completar un inicial y emprender o mantenerse estable laboralmente para
materializarlo.

Los derechos no son ingenuos, imponen una serie de obligaciones que el señorito satisfecho en palabra de Ortega y Gasset no suele ver conllevan más responsabilidades personales que exigencias al gobierno. Como la célebre reflexión
Kennedysiana: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta qué puedes hacer tú por tu país”.

No se trata de ser indiferentes con la situación de precariedad que viven personas que no pueden acceder a una vivienda. El Estado y el mercado gobierno y sector privado deben crear las condiciones para que distintos segmentos poblacionales: jóvenes, personas vulnerables, profesionales, etc, puedan acceder al mercado para la adquisición de viviendas. ¿Por qué no exigir al gobierno de Pedro Sánchez planes concretos de viviendas? Alianzas Público Privada que desarrollen proyectos inmobiliarios con créditos blandos, amplitud de plazos y un paquete de condiciones que les permita desarrollarse.

¿No es difícil entender que si la tasa de los hogares está creciendo a un ritmo muy superior más de un millón en los últimos cinco años— que la construcción de viviendas apenas noventa y tres mil al año habrá un déficit? ¿Si hay una
limitación de la oferta y un exceso de demanda que ocurre? Precisamente la
realidad de España.

¿Cómo es posible que se pretenda satanizar a propietarios que controlan más del 90% del mercado alquilan su vivienda de manera voluntaria? ¿ignoran “los protestantes” que los famosos fondos buitres inversionistas apenas controlan
un 8% del mercado de alquiler? ¿Por qué impedir que quien pueda pagar más pague más para alquilar o comprar un piso? ¿Cómo puede una persona vivir en el centro de una ciudad donde por su demanda el metro cuadrado vale más de 23 euros, pagando centavos, como si el mundo no hubiera evolucionado? ¿Por qué impedir el desarrollo inmobiliario impulsado por la gentrificación desrrabalización de una ciudad restaurantes, parques, tiendas, gimnasios, clínicas, farmacias, supermercados, viviendas, amenidades sociales, malls, seguridad, higiene, para un público cada vez más exigente que provoca un incremento en el precio? ¿Los malos son los que compran pisos viejos, deteriorados, los remodelan y los venden a un precio muy superior al de su inversión? ¿No es un negocio legítimo?

La solución no es satanizar el capitalismo