La separación de la fiscal Ismelda Martínez del Ministro Público

El Pregonero
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La carta de la familia de Leyda Vicente Sánchez a la fiscal Ismelda Martínez, es el ejemplo desgarrador del porque historias como la de ella, la de Anibel González Ureña, incluso de víctimas hombres, se repiten una y otra vez, cuando fiscales, en el mejor de los casos incompetentes y corruptos, no hacen su trabajo y, se hacen los sordos ante las denuncias de los futuros occisos.

Sí, occisos, tal y como dice la misiva enviada por la familia  los miembros del ministerio no son son dioses, pero precisamente porque no lo son, deben ser cuidadosos ante casos de violencia de género, de ser cierto lo que allí se narra, ¿cuál es el entrenamiento que reciben los fiscales para tratar con las víctimas? ¿Por qué el comportamiento allí descrito no parece el de un profesional, han perdido tanto la humanidad ante la realidad social que son incapaces de sentir empatía? ¿Es esto o la dichosa fiscal tiene el bolsillo hondo? 

El tan cacareada Ministerio Público independiente con el que hoy supuestamente contamos que está haciendo para saber que falló,  que faltó  para que hayamos terminado con seis féretros los de las víctimas, el del victimario y otro que aún no está muy claro cuál fue su papel.

¿Han hecho algo o sencillamente esta familia como muchas otras no obtendrá justicia, la sobreviviente tendrá que afrontar sola el amargo hecho de perder de golpe y porrazo todo su mundo y explicárselo además a dos infantes? 

Queremos respuestas no queremos más Leyda, ni familias desgarradas por la incompetencia o la corrupción de la justicia. Ismelda Martínez, en caso que actuó indiferente, debe ser apartada del Ministro Público.

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