El presidente Luis Abinader está como la arepa, candela por arriba y candela por abajo, la gran pregunta es si se da cuenta.
Algunos perremeistas sienten una falsa seguridad en los números en que sacaron en las pasadas elecciones, pensando que esas cifras son propias, error.
El desgaste después de tantos años en el gobierno, el descaro de un grupo en el manejo de la cosa pública, la división del PLD, fueron los principales factores que le permitieron subirse en el famoso cambio.
Sin embargo, la situación de la pandemia no permite que el ansiado cambio llegue, el posicionamiento de la sociedad civil que no busca un voto, pero están en las mieles del poder (algunos), mientras que los otros se desencantan, su voto duro por un razón u otra, no ha podido acceder a la piñata y los funcionarios no están contentos o porque no están donde querían estar y los filtros burocráticos hacen que la gerencia sea un infierno político que no han sabido sortear.
Una crisis de salud y otra económica, empresariado que quiere facilidades, pobres que quieren sus programas, militares perseguidos y los principales financiadores bajo la lupa o en el aire, una clase media sin padrino, el canibalismo tradicional de los otroras blancos que empieza a verse en pronunciamientos como los de Hipólito Mejía y Ramón Alburquerque, son el caldo de cultivo que la reelección no será tan fácil y si creen que el tema corrupción será suficiente para pararles los pies a los verdes y morados, no conocen bien la idiosincracia dominicana.
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