Opinión

La praxis política y algunos efectos

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Por Onofre Salvador Fulcar


No es término desconocido aquel referido a que la política es muy fina. Es lo que dicen muchos y se comprueba en la praxis al producirse asuntos mínimamente entendidos por el común de los mortales, expresados en hechos que sorprenden a los incautos y mandan a la producción de análisis a los más avezados.

Los textos no han faltado a lo largo de los siglos, explicando desde diversas posiciones los puntos de vistas, es decir a partir de la multiplicidad de intereses de los grandes actores, quienes se auxilian de la majestad de esta profunda ciencia para hacer realidad lo que piensan y desean.

Es sabido que la política es tan antigua como la vida del ser humano, así también es difícil de entender, dada las características de sus protagonistas y la naturaleza donde se manifiesta de manera permanente. Los diversos enfoques nacidos de las llamadas ideologías, son los que permiten deducir su carácter sano o no.

Para no irnos comparativamente muy lejos, son muy mencionados los textos de Nicolás Maquiavelo, con nombre de El Príncipe, así también las famosas 48 leyes del poder y El Arte de la Seducción, de Robert Greene. En ellos y otros no menos conocidos e importantes, se explican variedades de artimañas de como seducir a la gente a partir de sus necesidades y la forma de acceder al poder político y la difícil forma de mantenerlo.

En los textos mencionados, nos encontramos con aspectos hasta crueles, pero nada extraños, porque solo desnudan las ambiciones y pensamientos de los hombres. Desde ahí se explica su extraordinaria importancia, marcada en el ayer, el presente y con seguridad en el futuro.

La palabra poder es muy socorrida; diríamos que es expresión genuina del humano, ser viviente que hace una serie de cosas empleando los conocimientos adquiridos en los que demuestra sus valores o antivalores. A través de la política se ponen en práctica variedades de fórmulas, mismas que dejan los sellos distintivos de toda clase de personalidades.

Dicha actividad como tal, debe promover el bien común, creando las condiciones que mejoren o superen las carencias materiales en los individuos. En su aplicación, dado los innumerables ejemplos marcados en la historia, se citan cuestiones loables, dignas de su finalidad, pero también, y es lo más rechazable, aquellas maldades propias de gente que solo va a hacer negocios, a servirse con la cuchara grande, olvidando hacerlo con los demás.

La incoherencia e improvisación parecen ganar terreno cada día en el campo político. Los proyectos u organizaciones se perciben, con algunas excepciones, ejecutando programas con las características señaladas, lo que termina decepcionando a sus adeptos y al resto de la ciudadanía.

Otro aspecto a tomar en cuenta, tiene que ver con la deslealtad, pan de cada día en el quehacer político. Esta parte, muy nociva en cualquier actividad humana, deja ver las verdaderas intenciones de aquellos individuos que tienen sus agendas ocultas y a la mejor oportunidad la ponen en práctica sin el mínimo de los escrúpulos, dañando sin contemplación todo lo que tocan.

Hay sociedades que parecen anestesiadas, solo reaccionan cuando tienen el agua más arriba del cuellos, con la mala suerte de deshacerse de eso que le provoca malestar, para caer en lo peor, las muestras abundan por doquier.