Opinión

La locución “el que a hierro mata, a hierro muere”

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Por Nelson Rudys Castillo


El origen de la expresión “el que a hierro mata, a hierro muere” se encuentra en la Biblia, en el Evangelio según San Mateo (Capítulo 26, versículos 51-52), en el que Jesús pide a uno de los que estaban con él que guarde su espada, “porque los que a hierro matan, a hierro mueren”.

La locución en latín, “qui in gladio occiderit, gladio peribit”, significa “el que mata a espada, perecerá por la espada”.

Conceptualmente, cabría preguntarse si, en su origen primitivo, esta sentencia de origen bíblico, proviene o no de la Ley del Talión, del Código de Hammurabi (Babilonia, siglo XVIII a. C.), y su famoso “ojo por ojo y diente por diente”.

Se usa particularmente cuando una persona ha cometido un daño contra otra, y luego la vida lo pone en una situación equivalente. Así, este refrán representa cómo la sabiduría popular entiende el principio de reciprocidad o de causa y efecto.

Envuelve, de algún modo, un cierto sentido de justicia o venganza, de manera que también puede ser usado como una advertencia ante alguien que ha cometido un daño pero que aún no está a tiempo de sufrir las consecuencias.

Este principio encuentra un cierto parecido con las filosofías orientales, en las cuales se cree que las personas construyen su futuro en función de las acciones que comenten en su vida. A esta ley de reciprocidad o de causa y efecto, se le conoce como karma. Así, el karma implica que todo aquello que se hace, genera consecuencias.

“El que a hierro mata, a hierro muere” es un refrán que da a entender que cada uno recibe el trato que merece de acuerdo con su actuación.

Por otra parte, esta expresión también aparece en muchas obras de la literatura española, algunas de la magnitud de La Dorotea (1632) de Lope de Vega, además de en casi todas las publicaciones de recopilación y estudio de los refranes, dada su antigüedad y la popularidad de su uso.