Agricultura Economía Especial Reportaje

La leche se corta: ganaderos al borde

Capítulo 2 serie Crisis en el campo

Compartir

Por Abril Peña

En un país que habla de autosuficiencia alimentaria, los ganaderos están en pie de lucha. El sector lechero dominicano, uno de los más importantes para la nutrición y la economía rural, está siendo exprimido hasta quedar al borde del colapso. Lo que alguna vez fue símbolo de soberanía alimentaria hoy se desmorona entre precios injustos, competencia desleal e indiferencia estatal.

Según cifras del Consejo Nacional para la Reglamentación y Fomento de la Industria Lechera (CONALECHE), la producción nacional ronda los 850 millones de litros al año, pero el precio que recibe el productor por litro ha caído por debajo de los RD$20 en muchos casos, cuando los costos de producción superan los RD$23.

La situación se agrava porque la industria formal (queseras y pasteurizadoras) ha empezado a importar leche en polvo en grandes cantidades, reduciendo aún más la demanda de leche cruda local. Esto ha dejado a miles de pequeños y medianos ganaderos sin compradores estables ni ingresos suficientes.

Un modelo que margina al productor

Más del 70% de la producción nacional de leche proviene de pequeños ganaderos con menos de 50 vacas. Muchos de ellos viven en zonas rurales apartadas, sin acceso a vías adecuadas, sin sistemas de enfriamiento ni centros de acopio. La cadena de frío deficiente hace que pierdan competitividad y calidad, cerrándoles la puerta al mercado formal.

Además, la concentración del poder en manos de unas pocas industrias les impide negociar precios justos. El productor pone el trabajo, el riesgo y el sudor; otros fijan las reglas del juego.

Las importaciones que derraman el vaso

En 2023, República Dominicana importó más de 13,000 toneladas de leche en polvo, muchas veces a precios subsidiados por sus países de origen. Esto distorsiona el mercado y hunde la leche nacional.

Lo más grave es que estas importaciones se realizan mientras la leche criolla se queda sin salida, con tanques llenos y animales que siguen produciendo sin que nadie compre.

Consecuencias invisibles, pero profundas

Ganaderos endeudados o cerrando fincas.

Reducción del hato ganadero nacional.

Desempleo rural creciente.

Amenaza directa a la seguridad alimentaria y a la producción de lácteos frescos.

Y como siempre, el impacto se concentra en las zonas más pobres, donde la ganadería es una de las pocas fuentes de empleo e identidad.

Qué se puede hacer

Establecer un precio mínimo de sustentación para el litro de leche, garantizado por el Estado en alianza con la industria.

Invertir en infraestructura rural y cadena de frío, especialmente en zonas de alta producción como Santiago Rodríguez, Dajabón y El Seibo.

Frenar las importaciones desmedidas que compiten de forma desleal con lo nacional.

Fortalecer a CONALECHE y reorientar sus fondos hacia pequeños productores organizados.

Crear un fondo de contingencia para mitigar pérdidas por excedentes y desastres naturales.

Finalmente cuando la leche se corta, se pierde más que un alimento. Se corta también el tejido productivo del país, el esfuerzo de generaciones, la dignidad de quienes crían animales bajo sol y lluvia. Si dejamos caer al sector lechero, perdemos un pilar de nuestra soberanía alimentaria.

No basta con decir que producimos leche. Hay que garantizar que esa leche se valore, se pague y se consuma. Porque sin ganaderos, no hay desayuno nacional.