Opinión

La junta campesina y sus diversas expresiones

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POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO

Sociólogo – Comunicador Dominicano

Triffolio@gmail.com

 

La junta campesina es considerada como una de las instituciones de ayuda mutua más comunes, aunque en extinción, en el área rural de la República Dominicana y de otros países de América Latina.

En la mayoría de las comunidades campesinas del país también recibe el nombre de convite y constituye una agrupación voluntaria de labriegos que se reúnen con el propósito de colaborar en las faenas agrícolas de diferente índole.

Este grupo de voluntarios que prestan desinteresadamente sus brazos y esfuerzos para cualquier tipo de trabajo agrícola puede estar integrado por parientes y amigos de la persona convocante, pero muy comúnmente lo componen individuos pertenecientes a una misma comunidad rural.

Los miembros de la Junta, según explica Carlos Esteban Deive, en un artículo publicado en la desaparecida Revista ¡Ahora!, No. 726, del 10 de octubre, 1977, página 34, “suelen acudir al llamado del necesitado cuando éste requiere de la labor común de aquellos para cumplir con un trabajo que, por sí sólo, no podría realizar o le llevaría mucho tiempo”

De igual modo, destaca el acucioso investigador que los integrantes de la Junta “están comprometidos moralmente a prestar sus servicios a los demás, sin que el intercambio de días de labor esté fijado rigurosamente por normas previamente establecidas”.

Tanto el suministro del agua o bebidas como de la alimentación requerida por los participantes en la junta corresponden al convocante suministrar cuantas veces sea necesario.

Como depósito del agua potable resalta la presencia de un higüero de forma alargada, atado a una cuerda y teniendo como tapón un pedazo de tuza de maíz o trozo de tela, al cual denominaban Morro o Calabaza, el cual luce ser la expresión más rudimentaria de la conocida Bota Española, confeccionada en cuero de animales y utilizada para disfrutar del vino.

Conforme a las características que refleja la junta existen diversos estudiosos del folclore que afirman, categóricamente, que es “una institución genuinamente africana”.

En ese tenor se inscribe, Carlos Estaban Deive, cuando expresa que por “su estructura y funciones” la junta observada en muchos de las comunidades rurales del país, presenta “rasgos comunes a las instituciones de ayuda mutua de África Occidental” y que también, “son compartidos, además, por instituciones similares de numerosos países afroamericanos”.

En procura de avalar lo antes manifestado, el reconocido investigador subraya que “Una típica institución africana de ayuda mutua y de carácter rural es la llamada dokpwe de los fon de Dahomey, descrito en detalles por Herskovits”.

Recuerda que Dokpwe existe en prácticamente todas las aldeas dahomeyanas y está dirigido por un jefe anciano de la comunidad, quien convoca a sus compañeros para realizar un trabajo agrícola cualquiera y los demás miembros se presentan al lugar, el día y la hora estipulado con todos los instrumentos necesarios.

Tanto en la junta como en la institución africana especificada, la faena empieza “al rayar el alba, y durante todo el tiempo que dura la misma, el ritmo de los tambores y los cantos de los trabajadores ayudan a coordinar el trabajo, a estimularlos y a hacer menos fatigosa la labor”.

En el transcurso de la jornada, el convocante al trabajo colectivo tiene la obligación, que jamás rehúye, de suministrar la comida y bebidas a quienes laboran junto a él.

El convocante, quien es el dueño del campo donde se ha trabajado, al concluir la tarea agrícola, generalmente, ofrece una fiesta en su casa, en que se come y se baila al son de los tambores.

Todos participantes en la actividad se comprometen, solemnemente, reciprocar la ayuda prestada, que no sólo se limita a asuntos agrícolas, sino que puede extenderse, por ejemplo, a la construcción de una casa, el apaleo de unas habichuelas, el derribo de algunos árboles, recolección de café u otros granos, el entierro de un compañero, el “majao de café” a pilón, la construcción de una cerca o lindero, la cobija de una vivienda o la apertura de un camino vecinal, entre otras actividades colectivas.

Con todo lo anteriormente expuesto no se pretende ocultar o invalidar la existencia del trabajo cooperativo o de ayuda mutua en numerosas sociedades campesinas tradicionales de Europa, eso sí, con rasgos que se asemejan a las africanas, por lo que según revela Roger Bastide, tal realidad, con razón o sin ella, “lleva a uno a dudar si esta forma de trabajo es procede de África o tal vez tiene sus orígenes en la propia Europa”.

Vale también expresar que la junta campesina dominicana también tiene su equivalente en Haití y allí tiene como combite o convite haitiano, el cual presenta diversas modalidades según la duración del trabajo y la hora en que comienza el mismo.

Entre las variantes más comunes de la referida expresión de la ayuda mutua en el referido país se destacan: El Ron o Rondé, El Devant Jour, La Corvée y El Gran Combite.

En el caso de Trinidad la institución rural en cuestión recibe el nombre de Grayap y tiene las mismas características que combite haitiano.

En la Martinica se registra el denominado Coup de Main, conformado por íntimos y familiares.

Otra expresión similar a la junta dominicana se destaca en algunas zonas de Venezuela donde es denominada como La Cayapa y es representada, esencialmente, por negros y mulatos de costa, donde la colaboración casi siempre se reduce a la construcción de ranchos.

En el caso de los negros de la costa ecuatoriana, es notoria la existencia de una institución de ayuda mutua conocida como La Minga, dirigida por un jefe y su convocatoria se dirige, principalmente, al corte y transporte de madera para los aserraderos vecinos.

En torno a los cambios que de manera paulatina se vienen produciendo tanto en la junta campesina dominicana como en las demás instituciones afroamericanas, no debe olvidarse como razones causales la introducción de relaciones de producción capitalistas en el área rural y la presencia de nuevas tecnologías agrícolas.

En esa línea de percepción y valoración se enmarca Carlos Esteban Deive, cuando resalta que “En muchas partes el toque de los tambores ha dejado ya de ser parte integrante y principalísima de las faenas agrícolas, y el trabajo gratuito, que se recompensa con el intercambio, ha sido sustituido por pago en dinero o en productos del campo”.

Recuerda el renombrado investigador que, al parecer, permanece inmutable “el acompañamiento de las canciones y la obligación por parte del dueño de la obra de brindar comida y bebida, así como el ofrecer una fiesta al final del trabajo”.

Finalmente, y a manera de recordatorio, es importante tener presente, tal como lo refiere el ya citado antropólogo, que el vocablo Junta, en la República Dominicana, designa a una institución de ayuda mutua, tendente a la desaparición, que implican “agrupamiento o reunión de individuos que participan voluntariamente en las labores agrícolas”.

Sin embargo, como advertencia, también es válido subrayar que, con igual término, durante la época de la colonial, se nombraba otra realidad un tanto diferente, integrada por las reuniones de esclavos negros que acudían a los bailes o las ceremonias religiosas.