Por Fausto Montes de Oca
Hay personas que, cuando uno coincide con su punto de vista, te endiosan; para ellos, nuestros argumentos son geniales. Cuando no, entonces actúan como una vez dijo el escritor Saramago: tratan de colonizar nuestras opiniones; otros, más osados, hasta te escriben a tu WhatsApp para darte una suerte de cátedra política.
Quien se tome un tiempo podrá entrar a mi Twitter (X) y se dará cuenta de que nunca estuve de acuerdo con dicha convocatoria.
Desde un principio, me pareció una convocatoria llena de improvisación y, además, una tremenda provocación, que ponía a la República Dominicana en una situación muy desventajosa en el contexto internacional, en su derecho de aplicar su política migratoria.
Si el problema lo originó una falta de pago a obreros haitianos, sin dejar de sancionar los disturbios provocados, se debió proceder a investigar la denuncia.
Los abusos a trabajadores haitianos por parte de sus empleadores están más que documentados. Al fijar mi posición sobre lo ocurrido en la marcha, lo hice como ciudadano responsable, no como militante de una organización política. Cuando entré a militar al PLD, muy joven, leí un cuento de Bosch: «La mancha indeleble». Bosch me enseñó a no quitarme la cabeza, que mi cabeza es mía y que, por lo tanto, nunca dejaría de tener criterio propio.
Nunca he pretendido ser vocero oficial de una organización política; mis tweets son de mi responsabilidad. Hablo y escribo a nombre de Fausto Montes de Oca. Muchas veces me aplauden y usan mis opiniones para validar las propias; otras veces, las critican cuando no pueden cambiar mi forma de pensar.



