Opinión

La inteligencia colectiva: una herramienta para la construcción de bienestar

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Por Edhoarda Andújar.


El Pregonero. -América Latina es la región más rica del planeta si lo vemos desde el punto de vista de recursos naturales y cantidad de personas que habitan el territorio, pues nuestra región cuenta con minerales, tierra con vocación agrícola, agua abundante, petróleo, piedras preciosas y muchas riquezas más que, sumadas a los 1200 millones de brazos, manos y mentes dispuestos a trabajar para la producción de riquezas, nos ponen en una posición privilegiada si aunamos esfuerzos para construir y repartir de forma justa y equitativa las riquezas.

La región cuenta con 109 millones de jóvenes de entre 15 a 29 años, cifra que representa cerca de un 10% de la población y que aumenta a más del 15% si extendemos a las edades comprendidas entre 15 a 40 años.

No obstante, nuestra América es uno de los continentes con los mayores niveles de desigualdad del planeta, donde las oportunidades son escasas, la inclusión y la participación activa de la sociedad en la búsqueda de soluciones a los problemas nodales parecen sueños utópicos y las juventudes latinoamericanas ante esta situación de desidia son las más afectadas.

Para que tengamos una idea, en los datos cortados al último trimestre del pasado año, según la Organización Mundial del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo juvenil alcanzó el 20%; lo quiere decir que uno de cada 5 jóvenes de la región no tiene trabajo.

En ese contexto, la crisis de salubridad producida por la Covid-19 y su impacto en lo económico y social no ha hecho más que atizar este panorama sombrío que parece asomarse sobre los jóvenes latinoamericanos y caribeños.

Me preguntaba entonces ¿cuál es el camino a seguir para paliar la situación de vulnerabilidad que enfrentan las juventudes del continente?

¿Hay algún manual no escrito que nos pudiese indicar las claves hacia el desarrollo de estrategias comunes que nos permitieran construir esquemas orientados a garantizar políticas que aporten soluciones a los temas nodales que afectan la juventud?

Al hacerme estas preguntas inicié un proceso de reflexión que concluyó, con que el problema, en efecto, es que los jóvenes están llamados a generar debates sobre los temas que les afectan, debates que se escuchen desde el Río Bravo hasta la Patagonia, debates que devengan en la articulación de soluciones colectivas a problemas y realidades comunes.

Por ejemplo, la deserción educativa es un tema vital en toda la región, atacarla con programas desde la cooperación entre Estados, orientados a prestar asistencia de carácter psicológico, económico y de cualquier otra índole nos ayudaría a reducir este flagelo.

Por otro lado, la inserción con éxito de la juventud en el aparato productivo representa un gran reto para los países latinoamericanos y caribeños, porque la falta de empleo va en detrimento de las condiciones materiales de existencia de las juventudes y estimula el círculo vicioso de la pobreza.

Por lo que se hace imperativo, el acompañamiento a jóvenes en la vinculación con empresas, talleres, instituciones o negocios donde puedan aprender, desarrollar o fortalecer hábitos laborales y competencias técnicas para incrementar sus posibilidades de empleabilidad a futuro.

También se hace imprescindible para lograr mayores niveles de inserción, la captación de ideas de emprendimiento que permitan que los jóvenes no solo se accedan al mercado laboral, sino que puedan ser generadores de empleos.

En fin, hace falta abrir espacios de diálogo permanente entre la juventud y los que dirigen o quieren dirigir el Estado, para que juntos construyan soluciones a los males que aquejan a los zagales del continente.

En ese sentido, los partidos políticos como instrumentos para transformar la sociedad también deben crear mecanismos que busquen mantener abierta la plática franca y permanente con la juventud de todos los rincones y sectores; así como propiciar espacios de intercambio de experiencias, para echar mano, de la sumatoria de ideas, proyectos y gestiones para arribar a soluciones emanadas desde el uso de la inteligencia colectiva que devengan en bienestar para nuestros jóvenes.