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La Innovación Científica como Motor del Progreso: El Reto Dominicano

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ElPregoneroRD- La innovación es el alma del progreso humano. Más allá de los confines creativos de la publicidad —ámbito al que originalmente se dedicó el Día Mundial de la Innovación—, su verdadero poder transformador radica en la ciencia, la tecnología y la academia. La historia lo ha demostrado con creces: los países que invierten sistemáticamente en investigación y desarrollo (I+D), que cultivan el pensamiento crítico y promueven la conexión entre conocimiento y producción, son los que logran sostener su crecimiento económico, blindar su soberanía tecnológica y mejorar la calidad de vida de su gente.

No se trata de romanticismo. Se trata de estrategia.

Innovación científica: el corazón del desarrollo real

El desarrollo no se improvisa. Se construye desde laboratorios, centros de investigación, universidades y empresas que apuestan por lo nuevo. La penicilina, internet, las vacunas contra el COVID-19, los avances en energías renovables o inteligencia artificial no nacieron del azar: fueron el resultado de políticas públicas coherentes, recursos destinados a largo plazo y ecosistemas donde se valora el conocimiento.

En los países que lideran los índices globales de innovación —como Suiza, Suecia, Corea del Sur o Estados Unidos—, la inversión en I+D oscila entre el 2.5% y el 4.5% de su PIB. Además, han construido puentes sólidos entre academia, empresa y Estado, incentivando la transferencia de conocimiento y la generación de propiedad intelectual.

Mientras tanto, América Latina invierte en promedio apenas un 0.7%, y la República Dominicana aún menos: entre 0.1% y 0.2%, según estimaciones recientes del Banco Mundial y la UNESCO. Esta brecha estructural es un espejo de nuestra limitada capacidad para generar innovación propia y depender, en consecuencia, de tecnología extranjera.

La situación dominicana: luces aisladas en un terreno sin mapa

No todo es negativo. En los últimos años, el país ha dado señales de avance. El Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), a través del FONDOCYT, ha financiado más de 500 proyectos de investigación en áreas prioritarias como salud, energía y medio ambiente. La creación de la Carrera Nacional de Investigadores ha permitido reconocer formalmente a más de 700 profesionales del área. Además, la producción científica indexada ha crecido de forma constante, aunque todavía muy por debajo del promedio regional.

Sin embargo, los problemas estructurales persisten:

Inversión insuficiente: Con apenas un 0.2% del PIB destinado a I+D, estamos lejos del mínimo recomendado para países en desarrollo (1%). Esta baja inversión limita la infraestructura científica, el acceso a equipos modernos y la continuidad de los proyectos a largo plazo. Producción de patentes y propiedad intelectual: Entre 2000 y 2019, solo el 12.7% de las más de 5,600 solicitudes de patentes en la ONAPI fueron realizadas por dominicanos. El resto proviene del extranjero. Esto revela una grave debilidad en nuestra capacidad para transformar el conocimiento en invención concreta. Desarticulación del ecosistema: A pesar de iniciativas como el Parque Cibernético, el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y el Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria (IIBI), el país carece de un Sistema Nacional de Innovación funcional, articulado y con visión a largo plazo. La desconexión entre universidad, empresa y gobierno es evidente. Talento desaprovechado: Aunque hay un crecimiento en los programas de posgrado y formación de doctores, muchos investigadores no encuentran oportunidades en el país. La fuga de cerebros, la escasa inversión en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y la falta de estímulos reales hacen que el capital humano se estanque o se pierda.

¿Hacia dónde debemos ir? Una ruta posible

La innovación científica no es un lujo, es una urgencia. Si la República Dominicana quiere superar su modelo de crecimiento basado en sectores tradicionales como turismo, zonas francas o remesas, debe apostar por un cambio de paradigma. Eso implica:

Invertir al menos 1% del PIB en I+D en los próximos cinco años, combinando inversión pública y privada. Esto no es gasto: es inversión estratégica para diversificar la economía, generar empleo cualificado y aumentar la competitividad. Crear un Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación que articule a todas las instituciones involucradas y defina prioridades nacionales. Modelos como el de Chile, Colombia o incluso Uruguay pueden ofrecer aprendizajes valiosos. Impulsar incentivos fiscales a empresas que inviertan en I+D. La innovación debe ser rentable, y para ello el Estado debe acompañar los riesgos con beneficios tangibles. Fortalecer los programas de becas y repatriación de talento. Es hora de recuperar a los dominicanos brillantes que investigan en Harvard, el MIT o universidades europeas. El país necesita su experiencia y visión global. Educar desde la base. El pensamiento científico debe fomentarse desde las escuelas. La creatividad no puede seguir siendo relegada al arte y la publicidad. La ciencia también es creación. Y transformar la mentalidad nacional es parte del reto. Focalizar la investigación en sectores estratégicos: adaptación al cambio climático, seguridad hídrica, soberanía alimentaria, salud preventiva, tecnologías aplicadas al agro y transformación digital del Estado. No todo se puede hacer a la vez, pero sí se puede hacer bien.

Conclusión: Que el futuro no nos pase por el lado

La República Dominicana tiene talento. Tiene creatividad. Tiene universidades que luchan contra viento y marea. Lo que falta es decisión política, inversión sostenida y una visión de país donde la ciencia sea una prioridad real y no un eslogan.

Celebrar la innovación sin hablar de ciencia es como celebrar el progreso sin educación. Que este Día de la Innovación nos sirva no solo para hablar de campañas publicitarias brillantes, sino para cuestionarnos si estamos haciendo lo suficiente para construir una sociedad que innove, que resuelva sus propios problemas y que no dependa eternamente del conocimiento ajeno.

Porque el país que no investiga, repite. Y el que no innova, se estanca.