Por Frank Hernández, el Alquimista.
Para entender por qué muchos optan por la informalidad, primero hay que ver lo que implica estar «legal». El sistema tributario dominicano, aunque necesario, representa una carga pesada, especialmente para el pequeño comerciante.
Es muy cierto que hay muchas exenciones y subsidios, a la macro empresa, es uno de los acuerdos o beneficios que, de frente a un mercado competitivo, se coloca en la mesa de las negociaciones, para motivar a la inversión.
Estos son los principales impuestos que enfrenta una empresa formal:
Impuesto sobre la Renta (ISR): Es el más duro. Toda empresa paga el 27% de sus ganancias netas al Estado.
Esto significa que por cada 100 pesos que ganas, 27 son para el gobierno. Para un negocio que recién empieza, perder más de una cuarta parte de la ganancia es un golpe durísimo.
Un punto que no podemos dejar de mencionar es el anticipo fiscal, es un alivio para el Estado cobrar un año fiscal por adelantado, mas no para el contribuyente.
Impuesto a la Transferencia de Bienes (ITBIS): Es nuestro IVA, de 18%. El negocio actúa como «cobrador» del gobierno.
Cada vez que venden algo, le suman ese 18% al precio, pero luego tienen que pagárselo a la DGII.
Es engorroso y si tus clientes son informales, te será difícil trasladar ese aumento.
Impuesto a los Activos: Este es uno de los más odiados. Aunque la empresa no genere ganancias (puede estar quebrada o pasando malas), el Estado cobra 1% sobre el valor total de sus activos (máquinas, inventarios, vehículos).
Imagínate tener un mal año y encima tener que pagar por tener tus herramientas de trabajo.
Otros gastos: Además de estos impuestos, están las cargas laborales (seguros, pensiones), las licencias municipales y los costos de contadores para llevar todos estos papeles al día.
¿Por qué hay Tantas Empresas «Fuera del Radar»? (Las Causas Reales)
No se trata solo de que los dueños sean «vivos» o quieran estafar al país. La decisión de ser informal suele ser una cuestión de supervivencia. Según estudios de la OIT y COPARDOM, esta es la realidad en la calle.
El «Costo» de Ser Formal es Impagable: Para un colmado, una banca de lotería o un taller de barrio, pagar el 27% de ISR o contratar un contador para declarar el ITBIS es simplemente imposible.
Si lo hicieran, el negocio cerraría al mes siguiente. La formalidad no es rentable para ellos.
El Miedo a la Complejidad: El sistema tributario dominicano es un laberinto de fechas, formularios (como los 606, 607) y plazos.
Si no estudiaste contabilidad, te pierdes. La mayoría de los dueños de microempresas no tienen tiempo ni dinero para aprender o pagar a un especialista.
Falta de Beneficios Tangibles: Desde la perspectiva del dueño de un negocio pequeño, ¿para qué registrarse si el Estado no le resuelve los problemas? Siguen teniendo inseguridad, malos servicios públicos y pocos apoyos.
Ser formal le da obligaciones, pero siente que no recibe nada a cambio.
Desconfianza y «Ahora qué toca pagar»: Hay una cultura de desconfianza. Muchos negocios empiezan en un local alquilado, con miedo a que el dueño los eche o a que los clientes se vayan si suben los precios. Prefieren vivir en el «debajo de la mesa» para tener control sobre su dinero.
La Trampa de la Evasión: ¿Cómo lo Hacen y Qué Perdemos?
La evasión es la consecuencia directa de lo anterior. Se hace de maneras muy simples:
No emitir factura (o «dar el 10»): Es la más clásica. Si el cliente no pide factura, la venta no existe para el fisco.
Subdeclarar: Tener dos libros. Vender 10, pero declarar 5.
Pagar por debajo de la mesa: Contratar empleados sin seguro ni contrato para no pagar cargas sociales.
Lo que pierde el país es enorme. No es solo dinero.
Pérdida Fiscal: Millones de pesos que podrían usarse para construir hospitales o arreglar escuelas se quedan en los bolsillos privados.
Precariedad Laboral: Los empleados de negocios informales no tienen pensiones (AFP), ni seguro médico (ARS).
Cuando se enferman o se jubilan, quedan desamparados.
Competencia Desleal: El negocio que sí paga impuestos no puede competir contra el informal que no los paga, porque este último puede vender mucho más barato.
Un Puente hacia la Formalidad: Propuesta Humana
No se puede obligar a la gente a formalizar con una pistola en la cabeza o con más multas.
Hay que tender un puente.
Para que el pequeño empresario quiera salir de la informalidad, el Estado tiene que hacerle la vida más fácil, no más difícil.
Aquí algunas ideas para «humanizar» el ajuste:
La «Tasa Cero» para el Microempresario:
Si un colmado gana menos de, digamos, 100,000 pesos al mes, su ISR debería ser 0%No pagar nada. A cambio, el Estado le exige solo un registro simple y llevar un libro de compras básico. Esto les quitaría el miedo a la «multa enorme» y les daría un respiro.
Impuesto Único Simplificado (Monotributo):
En lugar de pelear con ITBIS (18%), ISR (27%) y Activos (1%), que el dueño de la pyme pague una cuota fija mensual basada en su facturación o tamaño del local (ej. 1,500 pesos al mes).
Con ese pago, ya está al día con todo (impuestos nacionales y seguridad social). Es fácil de entender, fácil de cobrar y de controlar.
Convertir al Estado en un Aliado (No en un Recaudador):
Si yo me registro formalmente, quiero ver el beneficio rápido.
Acceso a la Banca: Solo los formales pueden acceder a préstamos blandos (bajas tasas) para comprar mercancía.
Compras Públicas: El Estado debe comprometerse a comprar los cafés, sillas o servicios de estos pequeños formales.
De esa manera mata dos pájaros de un solo tiro, por un lado fiscaliza, por el otro, dinamiza la economía, evita la quiebra y obtiene ganancias de los productos comercializados.
Capacitación Digital: En lugar de multarlos por no declarar bien, darles cursos gratis en los barrios sobre cómo llenar un simple formulario en la DGII.
No perseguir al que se quiere registrar:
Una amnistía fiscal total. «Si vienes ahora, no pagas multas pasadas».
El que llega con los brazos abiertos a formalizarse no puede ser castigado por lo que hizo antes.
Preparar un equipo que sea un personal humano, sacar de las mentes la parte fiscalizadora, que en vez de ser un cobrador, sea un aliado estratégico, que oriente y guíe al sector informal.
Que el pequeño emprendedor no vea acoso ya que esto ha provocado un malestar, paranoia en los actores principales, que juegan un papel preponderante en la economía que es el pulmón de la Republica Dominicana, ( la informal ).
La informalidad no es un enemigo al que haya que aplastar; es un síntoma de que el sistema actual está alejado para los más débiles.
La solución no es más presión fiscal, sino simplicidad y alivio.
El dueño de la ferretería de la esquina, el motoconcho o la dueña del comedor económico no son «evasores profesionales». Son personas que encontraron una manera de sobrevivir en una economía que los dejó fuera del sistema.



