Opinión

La individualidad de las cosas

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Por Wilson Pérez

Una de mis contrariedades con la psicología moderna o la corriente que predomina, influenciada por Freu, es, en mi opinión, la que tiende a tratar los individuos, con patrones de otros individuos o patrones de un todo. La psicología moderna, para solucionar un “problemita” sicológico, pretende que la norma sea degradada hasta el sujeto y no que éste sea llevado a la norma. La mayoría de los psicólogos que conozco les encanta la sicología freudiana porque “el individuo nunca es culpable de su inadaptación”, siempre hay alguien o algo que pasó, y por eso el sujeto reacciona de tal o cual forma o por eso es incomprendido. Contrario a la sicología Jungtiniana, que entiende que la razón del inadaptado está en el mismo sujeto, y que, hasta que éste no se haga consciente de su subconsciente, el subconsciente dirigirá su vida y a esto le llamara destino.

Ciertamente que los seres vivos, incluyendo animales, que pertenecen a un grupo tienen las características propias de la manada y estas influencian en sus formas de actuar, y claro, esto no excluye al evolucionado Homo Sapiems, que agrega a cada actuación colectiva un valor adicional, la interpretación de él. El término individuo se refiere a los humanos y lo define como únicos, de aquí nace el refranero de que “cada cabeza un mundo”. Cada individuo agrega su propio valor a su mundo. Lo correcto es que los individuos aprendan a separar de forma correcta los límites de su mundo individual con los de su mundo colectivo. Me parece que uno de los grandes problemas que tenemos los humanos es ese, a veces tratamos nuestros problemas del mundo individual en nuestro mundo colectivo y viceversa. Quizás sea una buena opción de los psicólogos tomar esto en cuenta, con todo respeto que puedan merecer, pues no tengo autoridad ni heredada ni formativa para establecer jurisprudencia en el tema.

Los individuos somos únicos, y solo los de mente pobre se dejan colectivizar por las cosas. Ernesto Sábato en su libro “Sobre héroes y tumbas”, tiene una idea genial sobre este parecer, la cual de manera integral, les comparto.

«(…) Queda tan muerto como queda una casa cuando se retiran para siempre los seres que la habitan y, sobre todo, que sufrieron y se amaron en ella. Pues no son las paredes, ni el techo, ni el piso lo que individualiza la casa sino esos seres que la viven con sus conversaciones, sus risas, con sus amores y odios; Seres que impregnan la casa de algo inmaterial pero profundo, de algo tan poco material como es la sonrisa en un rostro, aunque sea mediante objetos físicos como alfombras, libros o colores».

Lo cierto es que la incultura, la falta de carácter, el ego, la ignorancia,[…],hacen en las mentes pobres que las cosas los individualicen, olvidando que somos nosotros quienes transmitimos individualidad a las cosas.

Jamas deberíamos permitir que lo material nos cambie nuestra individualidad, es lamentable como dice Borges, amar lo material, «Es tan triste el amor a las cosas; las cosas no saben que uno existe” , o como dice Víctor Hugo “Desgraciado quien no haya amado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte le arrebatará todo. Procurad amar las almas y un dia las volvereis a encontrar.

Por : wilson perez,abogado y comunicador con maestría en derecho y relaciones internacionales de la universidad Autónoma de Santo Domingo