La Iglesia no es el Estado

Por Abril Peña

Aunque la mayoría de la población dominicana es cristiana y  la Biblia está en el centro de nuestra bandera, lo cierto es que somos un Estado laico, uno que separa las creencias y valores religiosas del manejo de la cosa pública y ! Qué bueno, que así sea¡ la unión del Estado y la Iglesia (cual que sea) a través de la historia de la humanidad, no ha dado los mejores resultados, una permea al otro y viceversa y se terminan dando distorsiones como la Inquisición que acabó con la vida de cientos de miles de almas y eso es sólo un ejemplo, esto no significa que las religiones sean buenas o malas, si no que finalmente sus guías son hombres, hombres, cuyas creencia, valores y apetencias terminan queriendo dictar la vida del resto y no sólo las de aquellos que deciden seguir esos mismos principios y valores, por eso no deben caminar por la misma senda, Estado e Iglesia porque el primero es de todos y la segunda es de aquellos que la escogen.

El matrimonio de dos personas del mismo sexo en España creó una tendencia en redes sociales y medios tradicionales, porque choca con los valores cristianos de parte de la población, pero también muestra, que a pesar de considerarnos un Estado que garantiza derechos, parte de sus ciudadanos debe de salir del país, para garantizarselos, por más que se quiera disfrazar, un pareja de heterosexuales disfruta de derechos que una homosexual no, estos últimos no tienen acceso a seguro de salud, a heredar, a comprar propiedades mancomunadas, en los casos donde hay hijos estos pueden quedar desprovistos de ciertos derechos, la toma de decisiones médicas y un largo etc., de cosas, que si bien algunas podrían ser subsanadas con otras figuras jurídicas, otras sencillamente no tienen bajadero posible, creando una discriminación, que al igual que el matrimonio igualitario está prohibida constitucionalmente, lo que significa un verdadero reto ya sea para el tribunal constitucional o para el Congreso, si es que tuviesen la voluntad y/o los pantalones de ir más allá de lo que le dice la presión pública o la cabeza de la Iglesia donde se congreguen los actores políticos que deberían de intervenir para corregir el yerro.

Pero la parte más conservadora de la sociedad debiese recordar, que sus derechos empiezan donde terminan los del resto y que si de valores cristianos se trata el único que puede juzgar es Dios y este le otorgó libre albedrío al hombre para tomar sus  propias decisiones, aunque no le guste al resto y estas sean sin daños a terceros.

 

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