Uno no sabe hasta dónde llegará nuestra genuflexión al Tío Sam, porque independientemente que la FDA es un organismo de talla mundial, no significa que debamos ceder nuestras soberanía y que lo que aquí se apruebe y se consuma, dependa de las decisiones que tome el ente estadounidense.
Hay que ver que la FDA también toma decisiones políticas y económicas, empresas que no son de capital de occidental, sus medicamentos siempre tienen “problemas” para ser aprobados, parte de los medicamentos, por ejemplo de Promese son indios.
Y por último, un decreto no está por encima de la ley y muchos menos de la Constitución y ambas son claras al respecto, no se sabe quién pone al Presidente Luis Abinader a firmar o anunciar este tipo de chascos jurídicos, pero no es el primero y teniendo en cuenta que ya vamos por tres años, parece que no van a aprender a checar que leyes chocan antes de anunciar.
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