Editorial

Por fin alguien tocó el anticipo: un respiro necesario para las PYMES dominicanas

Compartir

@abrilpenaabreu

Durante años, las pequeñas y medianas empresas dominicanas han repetido el mismo reclamo: “No podemos seguir pagando impuestos como si fuéramos grandes empresas”.

Y tenían razón, porque si algo ha golpeado históricamente a miles de pequeños negocios en República Dominicana ha sido una realidad tan frustrante como injusta: pagar anticipos aun cuando las ganancias son mínimas, irregulares o incluso inexistentes.

Por eso, dentro del recién anunciado Plan Anti-Crisis, hay medidas que merecen ser reconocidas por lo que son: decisiones largamente esperadas y potencialmente transformadoras para las micro, pequeñas y medianas empresas del país.

La eliminación del anticipo para microempresas no es una medida menor. Es, probablemente, uno de los reclamos más viejos del ecosistema empresarial dominicano.

Durante años, pequeños comerciantes, emprendedores, salones, colmados, talleres, oficinas de servicios y negocios familiares han denunciado una misma contradicción: tener que pagar por adelantado impuestos sobre ingresos futuros, muchas veces sin siquiera haber tenido un buen mes.

Eliminar esa carga para las microempresas significa algo muy simple: más liquidez, más capacidad de reinversión y más oxígeno para sobrevivir y crecer y no llega sola.

Las pequeñas empresas que todavía deberán pagar anticipo pasarán de hacerlo mensualmente a solo tres cuotas al año, una medida que puede marcar una diferencia enorme en el manejo del flujo de caja. Porque quien tiene un negocio pequeño sabe que la teoría financiera de escritorio rara vez se parece a la realidad de pagar empleados, suplidores, alquileres, electricidad y enfrentar meses buenos… y meses malos.

Pero quizá uno de los anuncios más prometedores es el nuevo umbral de RD$30 millones para pequeños negocios. ¿Por qué es importante?

Porque muchas PYMES dominicanas viven atrapadas en una paradoja: cuando empiezan a crecer, rápidamente pierden facilidades y pasan a enfrentar obligaciones pensadas para estructuras empresariales mucho más grandes. Es decir, crecer terminaba siendo, en algunos casos, casi un castigo.

Si esta medida se implementa correctamente, podría convertirse en un incentivo poderoso para la formalización y el crecimiento empresarial.

También se amplía el Régimen Simplificado de Tributación (RST), aumentando límites y flexibilizando condiciones. Traducido al lenguaje del ciudadano común: menos burocracia, menos complejidad y más espacio para producir.

Sí, hay elementos que merecen debate. El aumento del impuesto a cheques y transferencias electrónicas probablemente será observado con cautela por el sector productivo.

Pero sería injusto ignorar el panorama completo, durante décadas, muchos gobiernos evitaron tocar temas sensibles por temor al costo político. Mientras tanto, las PYMES —que generan buena parte del empleo nacional— siguieron cargando un peso desproporcionado.

Esta vez, al menos sobre el papel, parece haber un reconocimiento importante: las pequeñas empresas no pueden seguir siendo tratadas como si fueran grandes corporaciones y eso merece decirse.

Porque cuando se toman decisiones correctas, también hay que tener la capacidad de reconocerlas.

Tal vez no sea un plan perfecto, ninguno lo será jamás, pero si de verdad queremos una economía más fuerte, más formal y más dinámica, había que empezar por donde más dolía.

Y pocas cosas dolían más que el anticipo.