Por Kelvin Ortiz Faña
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) afina su estrategia para retomar protagonismo en el Distrito Nacional de cara a las elecciones del 2028, y en el centro de ese plan figuraría una “dupla” electoral que pudiera generar gran interés al electorado, Margarita Cedeño para la senaduría y Juan Ariel Jiménez para la alcaldía capitalina.
Ambos rostros encarnan dos estilos distintos, pero complementarios. Margarita representa el peso histórico, la conexión emocional con el votante tradicional del PLD, y una figura con alto reconocimiento público. Ariel, por otro lado, representa la tecnocracia joven, la imagen de eficiencia, renovación y discurso moderno.
Margarita Cedeño, quien fue vicepresidenta, aún conserva un capital político considerable, especialmente en sectores femeninos, clase media y envejecientes.
Su candidatura podría reactivar parte del electorado peledeista que se ha refugiado en la abstención o incluso se ha ido con la Fuerza del Pueblo, pero también hay un riesgo: puede verse como una apuesta al pasado. ¿Representa renovación o más de lo mismo?
En el caso de Juan Ariel Jiménez es un técnico, pero sin arrastre masivo partidario. Es respetado por sus propuestas y formación, pero no ha demostrado aún una conexión emocional fuerte con las bases.
Enfrentaría un candidato del PRM con maquinaria, territorio y presencia mediática, lo que lo obligaría a reinventar su campaña. A su favor juega el descontento urbano con temas como basura, tránsito y seguridad barrial.
La fórmula Margarita-Ariel, podrían representar una oferta balanceada: experiencia y renovación, mujer y juventud, populismo suave y rigor técnico, pero también pueden chocar: dos figuras con perfiles altos compitiendo por recursos, atención y narrativa.
La coordinación será clave, si actúan como un binomio y no como dos campañas aisladas, podrían generar una ola inesperada.
Esta “dupla” enviaría un mensaje, el PLD no se rinde. Busca reconstruirse en las grandes plazas. No quiere ser partido bisagra, sino alternativa de poder. Y el Distrito Nacional es el termómetro político y mediático del país.
La gran incógnita es si esta movida entusiasmaría a una nueva generación de votantes o simplemente intenta reconquistar a los viejos fieles.
¿Genial estrategia o última carta?
El 2028 lo dirá.
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