Opinión

La distorsión silenciosa

Solanlly Regalado Medrano
Estratega política | Experta en liderazgo y transformación humana


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El poder mal entendido y la crisis del liderazgo político entre estrategia, ética y transformación humana

El liderazgo político no está fallando por falta de competencia, sino por exceso de poder mal entendido.


Lo verdaderamente preocupante no es lo visible, como los errores, las crisis o la desconfianza, sino lo que opera en silencio: una distorsión profunda en la forma en que se comprende y se ejerce el poder. Cuando el poder se normaliza como control, permanencia o ventaja, deja de ser una herramienta de transformación y se convierte en un mecanismo de conservación.

El desafío del liderazgo político no es la falta de competencia, sino la ausencia de conciencia estratégica y ética sobre el poder. Liderar no es ocupar posiciones; es comprender el alcance de cada decisión. En ese sentido, el liderazgo deja de medirse por la autoridad que se posee y comienza a evaluarse por la coherencia con la que se ejerce.

Durante décadas se ha repetido que liderar es influir, como plantea John C. Maxwell. Sin embargo, influir sin principios no transforma: manipula. Y esa es una de las distorsiones más normalizadas en la política contemporánea.

Por su parte, la visión de Stephen R. Covey en The 8th Habit introduce un elemento esencial: el liderazgo auténtico surge cuando una persona encuentra su voz y es capaz de despertar la voz de otros. No obstante, la política ha aprendido a hablar de propósito… sin necesariamente practicarlo.

De la misma manera, es necesario decirlo con claridad: la ética, por sí sola, no transforma. Como advertía Peter Drucker, la efectividad es una disciplina. La ética sin estrategia tranquiliza la conciencia, pero no cambia estructuras. Y la estrategia sin ética produce resultados, pero erosiona la legitimidad. En ambos extremos, el liderazgo falla, aunque aparente éxito.

Ante este escenario, no basta con criticar el poder; es necesario comprenderlo y rediseñar su ejercicio. Desde esta perspectiva surge el Método C.E.P.T. (Conciencia, Estrategia, Propósito y Transformación), un enfoque de liderazgo político que integra la comprensión del poder, la dirección estratégica, el sentido humano y la capacidad de generar cambios reales. Este método no propone liderar más, sino liderar mejor: con conciencia antes de decidir, con estrategia antes de actuar, con propósito antes de influir y con transformación como resultado de efectividad y grandeza.

El Método C.E.P.T. no es una entelequia, es una propuesta de acción que plantea que el liderazgo político solo se legitima cuando logra alinear lo que se piensa, lo que se decide y lo que se ejecuta. Sin esa alineación, el poder se distorsiona, la estrategia se desvía y la ética se convierte en discurso.

En la República Dominicana, como en muchos otros contextos la política no necesita más líderes que aspiren al poder, sino líderes que estén dispuestos a cuestionar cómo lo han estado entendiendo. La transformación no vendrá de quienes ocupan espacios, sino de quienes se atreven a ejercer el poder con conciencia, incluso cuando eso implique romper estructuras establecidas.

El gran desafío no es quién tiene el poder, sino quién está preparado para no distorsionarlo.