Padre Roberto Martínez de los Santos
El Pregonero. – En el año 2015, el papa Francisco escribió una Carta Encíclica de corte social y específicamente con el tema medioambiental global. Cada semana me reúno con jóvenes de mi parroquia a discutir el tema ecológico desde la mencionada encíclica. El grupo entero concuerda en que pareciera que el papa escribía pensando en la realidad específica de la República Dominicana. ¡Parece que el papa vive en nuestros pueblos y barrios! Exclamó Oliver, uno de los jóvenes inquietos de nuestra parroquia. ¡Lo que pasa es que es un tema global! le contestó Lóker, con una serenidad y convicción desafiantes.
¿Cuál es la cuestión del agua en el mundo? ¿Cuáles son las incertidumbres actuales de frente la cuestión del agua? ¿Es el agua tratada como un derecho humano o como un negocio, donde los más ricos se aprovechan y los más sufridos, son siempre los más pobres? Al leer el capítulo titulado así mismo, La cuestión del agua, el papa despierta el pensamiento crítico y a la vez esperanzador de frente al devenir del tiempo. Muchos países avanzan en el tema del cuidado del agua y la mitigación de la contaminación del preciado líquido, pero en otros países no parece ser una preocupación de las autoridades y mucho menos, de los ciudadanos.
Durante mucho tiempo, el abastecimiento de agua no era un problema, no era un tema de debates, porque no era necesario, no se puede caer en anacronismos, como hemos visto a “intelectuales” aplicando textos bíblicos para defender la minería supuestamente “responsable” en República Dominicana. Llegó la época del Calentamiento Global, y la misma ha traído consigo una nueva temática en la discusión intelectual y ello se debe a que, como afirma el papa, ya la demanda supera con creces la oferta sostenible de agua y esto provocará, grandes y fatales consecuencias a corto y largo plazo.
La cuestión del agua es un tema de educación y de cultura. Vivimos en una cultura del desperdicio. Es un tema de vida y, sobre todo, la vida de los más necesitados. El papa advierte que hay una deuda pendiente con los más pobres en torno a su derecho al uso de agua potable.
El papa sigue pareciendo vivir en nuestro país cuando trata el tema de la Industria extractiva subterránea. En el número 29 de la referida encíclica, el papa acentúa:
Las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una reglamentación y controles suficientes.
Del mismo modo, mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado.
Parece que Oliver tenía razón cuando decía durante la reunión de la Pastoral Ecológica Parroquial; ¡oh! ¡parece que el papa vive en nuestros pueblos! Años atrás, era utópico pensar que en la República Dominicana se estaría hablando de privatizar el agua, y sí, hoy día hay charlas y conferencias, preocupaciones, miedos, incertidumbres, preguntas como: ¿Cuál será el futuro del agua y los ríos? ¿Seguirá siendo el agua un negocio o un derecho?
Son solo preguntas, para las que tal vez no tenemos respuestas inmediatas, pero como dice la filosofía; las preguntas son más importantes que las respuestas.
En palabras del papa Francisco se insiste en que “el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto, es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”.
Dios entregó la creación en manos del ser humano para una buena y justa distribución. Ese acto continuó el acto creador de Dios, pero luego Jesús se hizo hombre para venir al mundo a señalar al hombre y a la mujer, la opción y debilidad de Dios, con y por los más pobres y necesitados. Si nos formamos y educamos todos, en torno al cuidado y la justa distribución del agua, estamos caminando en el mismo bando de Cristo Jesús. ¡Alabado Sea!



