Opinión

La comunicación que nunca fue: el talón de Aquiles del gobierno de Luis Abinader

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Por: Jorge Lendeborg

En estos días, una afirmación ha cobrado fuerza entre comunicadores, politólogos, consultores, incluyéndome, y hasta entre altos dirigentes del propio Partido Revolucionario Moderno: la estrategia de comunicación del gobierno es ineficiente.

Permítanme disentir

Para que algo sea ineficiente, primero debe existir. Y la dura verdad es que en el gobierno de Luis Abinader no existe una estrategia comunicacional real. Lo que hay es un espejismo mediático: una maquinaria costosa, desconectada, improvisada y dedicada a informar mal. Un aparato que repite discursos institucionales vacíos, sube videos mal editados a redes oficiales, y aún cree que eso basta para «conectar con el pueblo».

Lo más grave no es la ausencia. Lo verdaderamente alarmante es que los responsables de la comunicación del gobierno no saben que no saben.

Confunden prensa con comunicación. Producción con conexión. Narrativa con propaganda. Y así, día tras día, desperdician la oportunidad histórica de construir un relato poderoso en torno a uno de los gobiernos con mayor inversión pública en décadas.

¿Sabía usted que más de 25 instituciones han ejecutado más de RD$250 mil millones en obras de infraestructura desde 2020? ¿Sabía que la Comisión Presidencial de Desarrollo Provincial ha entregado cerca de 400 obras comunitarias que han transformado barrios y campos enteros en todo el país? No. No lo sabía. Nadie lo sabe.

Porque nadie lo ha contado bien.

Y es que, mientras en Palacio celebran la producción de un video donde el presidente corta una cinta o da el primer picazo, el resto del país ni se entera. Siguen actuando como si comunicar fuera subir contenido a redes oficiales, repetir una nota de prensa o aplaudir al mandatario en cada intervención pública. Pero eso no es estrategia. Eso no es impacto. Eso, en el mejor de los casos, es registro institucional.

Y en el peor… es ruido.

El DICOM parece vivir en piloto automático, mientras las instituciones ejecutoras de obras como INAPA, MOPC, Vivienda, Educación, CAASD, aunque con presupuestos independientes y millonarios destinados a comunicación, también están contagiadas por la misma epidemia de la desinformación institucional, operando como si estuviésemos aún en los años 90. Se aferran a la idea absurda de que una nota de prensa, una rueda de prensa mal transmitida y un pago de pauta en programas de televisión que no alcanzan ni el 1% de rating es suficiente para justificar su “estrategia”.

Y aún así, nos sorprendemos cuando el pueblo afirma que “este gobierno no ha hecho nada”.

No es que no se ha hecho. Es que no se ha comunicado bien. Y lo que no se comunica, no existe.

La comunicación gubernamental sigue centralizada, mal segmentada, y peor aún, desconectada de la gente. Con el 80% del presupuesto de comunicación concentrado únicamente en el Gran Santo Domingo, se actúa como si el país terminara en el kilómetro 28 de la autopista Duarte. Mientras tanto, las provincias, los municipios y los distritos donde están las obras, y los verdaderos beneficiaries, permanecen en silencio, invisibles para el relato nacional.

No hay segmentación por audiencia. No hay targeting. No hay contenido diferenciado por canal, territorio o cultura. No hay intención de construir una narrativa país.

La evidencia es brutal: han gobernado más de lo que han comunicado. Han hecho más de lo que han mostrado. Y han invertido miles de millones… para no ser escuchados.

Un director de prensa no es un estratega. Un periodista brillante no es necesariamente un constructor de relato nacional. Información no es comunicación.

Difusión no es conexión. Y viral no es impacto.

Cinco años después, el gobierno de Luis Abinader parece seguir sin entender la diferencia. Y hasta que no lo entienda, seguirá perdiendo la batalla más decisiva de todas: la batalla de la percepción.

Presidente Abinader: aún hay tiempo. Pero el reloj avanza.

No se trata de informar en la semanal, ni de contratar más periodistas, ni de aumentar la inversión publicitaria sin dirección. Se trata de entender, de una vez por todas, que comunicar no es simplemente hablar, es lograr que te escuchen, que te crean y que te sientan cercano.

Se trata de diseñar una estrategia real de comunicación de gobierno. Científica. Territorial. Emocional. Una comunicación con propósito, con rostro humano, con narrativa sólida, que deje de hablar del gobierno y empiece a hablarle al pueblo.

Porque lo que no se comunica, no se agradece. Y lo que no se agradece… no se vota.