Editorial

La competencia más triste de la política dominicana

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@abrilpenaabreu

Es triste cuando un país se debate no sobre cómo mejorar, sino sobre qué partido es más o menos corrupto, quién tiene más funcionarios presos, o qué político tiene vínculos con el narcotráfico.

¿En qué momento nos convertimos en esto?

¿En qué momento la política dominicana dejó de ser una competencia por ideas y se volvió una competencia por quién tiene menos delitos?

Nada de eso suma a la democracia ni a la estabilidad económica. Al contrario, la erosiona.

Porque cuando la discusión pública gira solo en torno a los escándalos, dejamos de hablar de lo que realmente importa: educación, salud, medioambiente, seguridad alimentaria, empleo, vivienda.

Nos distraemos del país que podríamos construir.

Y aunque la corrupción siempre será un tema importante, lo verdaderamente vergonzoso es que se haya convertido en el centro de nuestra identidad política.

Las encuestas lo dicen: la mayoría de los dominicanos no pone la corrupción entre sus principales preocupaciones, sino la inseguridad, el costo de la vida y el desempleo.

Sin embargo, aquí estamos, viendo cómo los actores políticos se pasan la pelota de un lado a otro, como si se tratara de un juego de ping-pong, olvidando que cada golpe de ese juego es una admisión colectiva de que la delincuencia ha permeado todos los niveles de nuestra vida nacional.