Editorial

La brasa que puede volverse hoguera

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@abrilpenaabreu

El gobierno está comiendo con su dama, sin una oposición fuerte que le respire en la nuca. Y para colmo, esa oposición está dividida, sin voceros que, en buen dominicano, enchichen y calienten el fogón de la opinión pública. Voceros que agiten las aguas, que generen cacerolazos, protestas y ese tipo de presión que pone a los gobiernos nerviosos y los obliga a poner las barbas en remojo.

Pero cuidado. Eso no significa que deban dormirse en los laureles.

Comparado con años anteriores, todo parece indicar que la pava ya no pone donde ponía. De forma orgánica, la gente está empezando a expresar su disgusto: quejas en la calle, protestas aisladas, malestar acumulado. Ya no se trata solo de la oposición, ni de los llamados “bocinas”. Hay señales claras que deben ser leídas con madurez política.

La inflación, sin importar sus causas, ha golpeado duro. La canasta básica está por las nubes. Los apagones volvieron. Las medidas contra la delincuencia, aunque necesarias, han crispado los ánimos. Incluso el propio presidente Abinader admitió que hay problemas con el circulante y que se están tomando medidas. Si eso no es alerta temprana, ¿qué lo sería?

Todavía el agua no ha llegado al río. Pero si el oficialismo sigue minimizando las críticas, burlándose de las preguntas incómodas o tachando de “enemigos” a quienes opinan distinto, puede estar avivando sin querer una brasa que, con una sola brisita, se convierta en hoguera.

Escuchen. No subestimen. No se burlen. No descalifiquen.

Porque aunque crean que es solo “percepción”, en política lo que importa no es la verdad absoluta, sino lo que la gente cree. Y hoy por hoy, hay una parte del pueblo que no se siente escuchado.

Más vale corregir el rumbo ahora, que improvisar cuando las calles hablen más alto que los boletines oficiales.