Editorial

La Academia de la Historia y su compromiso con la moral

El Pregonero
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El impasse entre Mu Kieng Sang y la Academia de Historia, donde esta última ha puesto en suspenso su membresía hasta tanto no se elimine de las filas del mismo, al General sindicado como uno de los responsables de las muertes de varios héroes nacionales, entre ellos: Manolo Tavarez Justo y Alberto Caamaño. 

Pero el tema es más profundo de ahí, puesto que lo único que pone de manifiesto es que aún hay heridas abiertas y que a pesar de lo que muchos piensan, las familias de las numerosas víctimas e incluso algunas de estas, esperan aún, si no una condena judicial, al menos una moral para el Trujillato y/o el Balaguerato representado en los esbirros que les sobreviven, ellos necesitan justicia y se merecen un cierre. 

De un tiempo para acá se ha puesto de moda por decirlo de alguna manera ver las sentencias de hechos sucedidos durante el periodo Nazi, incluso algunos países están siendo condenados por crímenes realizados en épocas coloniales cercanas y países hoy libres, se preparan para echar el pleito en la misma dirección, incluso detrás de la familia de aquellos que en aquel entonces se beneficiaron de la esclavitud y el latrocinio de las grandes potencias, sin embargo aquí, aún no sabemos que le pasó a Narcizaso, no digamos ya exponer a aquellos que se mancharon las manos de sangre durante esos oscuros períodos de nuestra historia.

Aquí no ha habido y dudamos mucho que exista en el futuro una comisión de la verdad que desnude y quite la máscara bajo la que se esconden los prestantes que pululan entre nosotros como parte de lo más granado de la sociedad, del empresariado o de los cuerpos castrenses dominicanos, por eso, esos períodos los pasan por encimita en las escuelas, para que no sepamos que esos a los que les rendimos honores y pleitesía construyeron sus imperios ensuciándose las manos de sangre en algunos casos o de lambizcones de ambos regímenes y que las víctimas tienen que soportar, compartir y convivir en los mismos espacios, mientras escuchan los huesos de sus padres, tíos, abuelos, hijos, etc., de sonajeros en sus tumbas y sus asesinos descansan sus canas en mullidas almohadas quienes aún viven o disfrutaron de sonoros y laureados entierros quienes han partido al más allá, esperemos que sin dormir el sueño de los justos, ya que en vida no recibieron el trato que merecían. 

La Academia, siendo sinceros, no ha violado ninguna regla, pero moralmente es increíble que premiemos de tal manera a aquellos responsables, al menos en parte del descalabro social que hoy vivimos, que el castigo moral al menos no exista y que sean precisamente los que más conocen los que se hagan los ciegos y sordos al dolor de tantos. 

elpregonerord@gmail.com